lunes, 6 de julio de 2009

Esferas sociales en Irán

Los sociólogos llamados "funcionalistas" tienden a ver las sociedades como un todo, como un "sistema social" según el título de uno de sus más inteligentes propulsores. Los sociólogos llamados "marxistas" (o marxianos) también tienden a ver las sociedades como un todo, como una "formación social históricamente determinada", pero un todo al fin y al cabo. El riesgo es el de dilucidar a priori cuál de sus elementos es el "determinante en última instancia". Los weberianos (que no Weber) darán a la cultura un papel fundamental. Y los marxianos se lo darán a la economía o a las relaciones de producción o a la propiedad de los medios de producción, pero economía al fin y al cabo. Y se preguntarán por el contenido de clase de cada fenómeno que analizan como los idealistas buscarán ideologías, religiones, mentalidades y cosas de esas.
Los hay eclécticos (Weber era uno de ellos) que no creen que, a priori, se pueda dar papel determinante a uno de los elementos de lo social (economía, política, cultura) y, por tanto, buscan, en cada caso, qué es lo que ha podido iniciar el proceso, siempre sabiendo que los llamados "funcionalistas" (o estructuralistas) tienen mayores dificultades para enfrentarse a lo temporal (la historia, los procesos) que los marxistas clásicos (aunque ha habido marxistas estructuralistas que, por desgracia, estuvieron de moda en los años 70, y digo "por desgracia" porque hicieron perder mucho tiempo en discusiones bizantinas y errores de percepción, sobre todo en América Latina).
Para desconsuelo de los que quieren conocer cómo funciona la cosa social, el problema se complica cuando se ve que cada una de esas esferas ("campos" que diría Bourdieu) puede llegar a tener bastante autonomía, con lo que lo que se diga desde las restantes esferas puede llegar a ser relativamente irrelevante.
Pongamos el caso de Irán. La tentación, para algunos, es ir directamente a las religiones y las culturas o los pueblos: chiítas, sunitas. Y diferencias en el modo de aplicar la sharia y de leer el Corán en lo que se refiere al comportamiento público de la mujer, los homosexuales y demás cuestiones que diferencian a alguien muy integrista de alguien menos integrista (integrista es el que quiere que el contenido de su religión sea ley civil, como sucede con la jerarquía católica española; fundamentalista es el que hace una lectura literal ahistórica de su libro sagrado, como sucede con algunos marxistas con El Capital).
Pero con ese instrumento cultural no se comprende la pelea post-electoral, así que la reacción es irse a las clases sociales: Ahmadineyad estaría representando a las clases bajas y Musaví a las clases medias (nadie dice nada sobre las clases altas a no ser que se consideren como tales los ayatolah o el ayatoleslam, lo cual no deja de ser curioso).
Pero si uno se ve tranquilamente algunas noticias (que, por definición, hay que tomar con mucho cuidado) se da cuenta de la sencilla lucha por el poder entre facciones que cortan lo cultural y lo económico-social. El poder y la lucha por conseguirlo o mantenerlo genera muy extraños compañeros de cama tanto sociales como culturales e incluso económicos.
Pero si uno sigue viendo, se encontrará con noticias que añaden algo que estas visiones sociales, culturales, económicas, políticas no incluyen: la dimensión del sistema mundial o, si se prefiere un vocabulario más convencional aunque engañoso, la esfera internacional. Es obvio, pero por eso se suele olvidar: a quién prefieren los servicios secretos israelíes y por qué (prefieren a Ahdadineyad, por lo que parece), con quién quieren dialogar los Estados Unidos (que no prefieren a Ahmadineyad, y lo digo con menos dudas que en el caso anterior) y en qué punto están las relaciones entre los Estados Unidos e Israel al respecto.
Total, que si la física se dedica a un objeto muy, pero que muy sencillito y lo hace con métodos muy, pero que muy sofisticados, las ciencias sociales tratan de un objeto sumamente complicado y lo hacen con procedimientos muy, pero que muy simplones y primitivos. Y las ciencias sociales que quieren "sofisticarse" (como algunas ramas de las llamadas "ciencias económicas"), acaban desbordadas por la complejidad de su objeto y van de error en error y persistiendo en él. Porque, a diferencia de las ciencias naturales, aquí la ideología cuenta mucho más.
No es frustrante. Es incluso divertido. Pero puede ser ridículo cuando se quieren dar los pasos más largos que las piernas (los cubanos tienen una frase más expresiva al respecto).

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