miércoles, 22 de julio de 2009

Conjeturas o "como en un espejo"

Podría comentar un texto de Umberto Eco comentando un texto de Charles Pierce. Eso se llama vida académica. Consiste en comentar un texto en el que se comenta un texto en el que se comenta un texto y así indefinidamente. La calidad viene dada o por el texto inicial (si es la Torah, es perfecto) o por la cantidad de integrantes de la cadena de comentaristas o por la "calidad" de estos últimos. El problema es que no hay criterios unívocos para establecer la calidad de los comentaristas. El que todos sean rabinos (o catedráticos) no es suficiente. La última estupidez que han encontrado los académicos es en qué lugar (revista, libro) se hace el comentario y cuánta gente comenta al que comenta (no vale autocitarse, aunque venga a cuento).
Pero el caso es que en el texto en cuestión aprendí la distinción entre las tres cosas serias que se pueden hacer ante la realidad circundante:

Inducción. Recoger datos de forma sistemática y sin sesgos e intentar sacar conclusiones a partir de los mismos. El problema, por lo visto, es cuántos datos hay que obtener para sacar la conclusión y qué hacer con los datos que no encajen con la misma. No es un comportamiento muy frecuente porque no es que haya tantos datos que vayan en una misma dirección.
Deducción. Se trata de tener las ideas claras antes de enfrentarse a los datos ("yo ya sé a dónde voy" que comentaba un viejo colega en el ESADE de los años 70, antes de meterse en honduras sobre muestreo, prueba previa, revisión del cuestionario y demás, para él, zarandajas). Según esas ideas, se recogen los datos que encajan con las mismas y se rechazan por manipulados, falsos, interesados, inexactos o mendaces los que no encajan con las propias ideas.
Abducción (o, mejor, conjetura, que lo de abducción suena a marcianos). Es el trabajo del detective: ante una recogida preliminar de datos, avanza una conjetura sobre el significado de los mismos, lo cual le lleva a buscar datos adicionales ("el perro que no ladró en la noche", "dónde estaba usted de 3 a 4" y cosas así) para hacer más verosímil su conjetura que, si los datos la echan por tierra, será sustituida por otra conjetura para la que buscará nuevos datos y así sucesivamente. Por lo general (y la novela de detectives está llena de ejemplos), el arte de la conjetura no lleva a ningún sitio si el delincuente no confiesa. Hay, por lo visto, un abismo entre el mundo tal y como lo pensamos y el mundo tal y como es. Así que la confesión es importante... cosa que no suele suceder en los temas de este blog y afines. Muy trabajoso, por lo que se ve.
Consecuencia, predominan los comportamientos "deductivos" de forma que si uno sabe las premisas del investigador, casi con seguridad sabrá las conclusiones (por eso no leo nunca las entrevistas a políticos o artículos firmados por ellos; me refiero a políticos profesionales, pero también incluyo a los aficionados).
El nudo gordiano se puede romper y no sólo con el "yo ya sé a dónde voy". Se puede, por ejemplo, simplificar la recogida de datos hasta dejarlos reducidos a aquellos pocos que se pueden manejar, cuantificar y modelizar cómodamente (no importa que los datos sean malos e incompletos, lo que importa es que puedan ser procesados "científicamente"). O se pueden decir banalidades ("la causa de la prostitución es el sexo", que no que me lo invente, que lo vi en un informe; o "la causa del hambre en el mundo es que los pobres no tienen dinero para comprar comida", en otro informe, éste del Banco Mundial). Se se puede uno dedicar a hacer comentarios a los comentarios a los comentarios con algunos de ellos particularmente obscuros e incompresibles, lo cual los hace todavía más valiosos académicamente (Mario Bunge criticaba hace poco esa manía de decir cosas raras e inextricables que, en realidad, no significaban nada con respecto a lo que hay ahí afuera). O se puede asumir el mito de Tántalo: siempre intentando subir la piedra del conocimiento hasta la cumbre de la verdad sabiendo que se caerá (nuevos datos) y que habrá que comenzar de nuevo. No es muy gratificante, pero sí es entretenido. Y parece que sí tiene que ver con nuestra relación real con lo que hay por ahí fuera y que vemos "como en un espejo" y sin muchas probabilidades de que lleguemos a verla "cara a cara".

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