miércoles, 10 de junio de 2009

Judíos antijudíos

Muy interesante este artículo del Jerusalem Post. Para no iniciados, añadiré que el JP es un periódico conservador para el que trabajaron algunos de los conspicuos neoconservadores del primer gobierno de George W. Bush y, por tanto, puede tener también una lectura estadounidense y más sabiendo que el papel de AIPAC, el lobby israelí en Washington, está cambiando como están cambiando las relaciones políticas con el mismo. Pero lo que me ha interesado son dos cosas.
Por un lado, la insistencia en confundir, contra toda realidad, judío e israelí de modo que se suponga que todo judío debe ser pro-israelí tanto en el sentido sionista de defender ese Estado (y sus futuras fronteras) como en el sentido de defender a su gobierno actual identificando gobierno-Estado-religión-"raza". Sería como decir que todo católico debe ser españolista lo cual significa estar a favor del gobierno de Rodríguez Zapatero. Curioso en todo caso. Al darle dos significados a la palabra judío se puede obtener lo de "judío antijudío". En la Comunidad Valenciana en la que vivo se solía usar lo de "auto-odio" para los nativos de dicho territorio que no compartían las ideas de nacionalismo político o de valencianismo cultural o ambas de los que expedían el certificado de "auto-odio" para los que no comulgaban con sus ideas. Más circular, imosible.
Por otro lado, me ha interesado el reconocimiento de la tremenda heterogeneidad que hay en el "mundo judío", tan heterogéneo como el "mundo musulmán" o como "Occidente". Reconocer esa heterogeneidad de hecho, es el primer paso para que no te la den con queso llegando al absurdo recién señalado: la pretensión de absoluta homogeneidad, eso sí, arrimando el ascua a la propia sardina. Los judíos, se dirá, deben formar un conjunto homogéneo aunque, eso sí, homogéneo como a mí me gustaría que fuesen: todos de mi cuerda.
Anecdótico: curiosa la referencia a los judíos comunistas si se recuerda lo que he dicho sobre la relación del JP con algunos neoconservadores estadounidenses. A fin de cuentas, los Estados Unidos no vieron, en un primer momento, con muy buenos ojos la creación del Estado de Israel precisamente porque la URSS apoyaba dicha existencia, como ya he contado en otra ocasión. Pero cuando se trata de arrimar el ascua a la propia sardina, todo vale.

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