lunes, 22 de junio de 2009

Frustración, agresividad, violencia

El esquema se repite aunque no es una ley inexorable. Ahora aparece en la violencia contra los Trabajadores Sociales de una zona belga particularmente problemática por su nivel de precariedad y exclusión. Que la frustración produce agresividad, parece que es algo que llevamos de fábrica. La agresividad puede dirigirse hacia uno mismo y se convierte en depresión (una de las causas de muerte en ascenso en el mundo según la OMS). También puede descargarse sobre objetos alternativos (un equipo de fútbol, por ejemplo). O puede descargarse en violencia directa contra personas sean de manera aleatoria (asesinatos "incompresibles"), sea porque están a mano y se consideran débiles (violencia doméstica contra mujeres, niños y ancianos) o sea porque hay suficiente presión social como para saber que pertenecen a un colectivo de "merece" ser objeto de violencia. Esto último tiene que ver con el racismo (contra las razas "inferiores"), la xenofobia (todos los diferentes son peligrosos) o con profesiones que pueden generar un nivel adicional de frustración.
Este es el caso con los Trabajadores Sociales y con el personal sanitario que también está siendo cada vez más objeto de violencia por parte de clientes que llegan muy conscientes de sus derechos pero que se encuentran con una norma, costumbre o protocolo que las produce una frustración adicional. Si, encima, la cultura dominante (y sólo hay que ver algunos espots televisivos) es la de "lo quiero todo y lo quiero ya", es decir, es la cultura de la satisfacción inmediata (puro principio del placer y nulo principio de la realidad, por citar a Freud), la pequeña frustración adicional es la gota que colma el vaso y la violencia será posible.
Por supuestísimo que no todos los frustrados (todos lo estamos de una forma u otra) gestionan su agresividad deprimiéndose o agrediendo a otros. Se puede sublimar escribiendo en blogs, sin ir más lejos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario