viernes, 12 de junio de 2009

Fichajes

Un fantasma recorre España y parte del extranjero (no te pierdas lo de Foreign Policy): el de un sustancioso fichaje de un futbolista (extranjero, como suele suceder sin que los españolistas se molesten). Los periódicos y las radios rivalizan en presentar cálculos de cuánto supone el fichaje en kilos de oro, en subsidios de desempleo o en centros educativos o sanitarios. Late el tufillo de que, "en tiempos de crisis" como se dice, se trata de un derroche exagerado, siendo como es el récord de millones dedicados a la compra de un ser humano que se dedica al fútbol y a la publicidad.
El contraargumento consiste en suponer que esa inversión va a dar unos beneficios y que, por tanto, no debe ser valorada en sí misma (ni, mucho menos, comparada con el peso del futbolista en oro, como si se tratase del viejo Aga Kan) sino resuelta con un ejercicio de análisis coste-beneficio, cosa que no se puede hacer hasta que no se conozcan los beneficios. Que esperen los interesados en el asunto.
Otro aspecto del contraargumento dice que es dinero privado y que con el dinero privado se hace lo que uno quiere. Bueno, casi lo que uno quiere, porque hay leyes que limitan (con poco éxito, reconozcámoslo) las posibilidades de ese dinero. Supongo que no es dinero del nuevo jefe del club sino dinero del club obtenido mediante un préstamo de esos que ahora están tan escasos. No lo sé. Pero si es del club, no es tan privado (de una persona) sino colectivo (aunque no sea dinero público, porque espero que no sea público). Y si ha obtenido ese préstamo, la cosa tiene sus pelendengues si todavía no se ha hecho el análisis coste-beneficio al que me he referido.
También se dice que el fichaje mueve dinero. Digan lo que digan, no es dinero productivo, pero sí interviene en su velocidad de circulación. Y, en todo caso, es dinero que se espera produzca beneficios igualmente dinerarios, cosa más que legítima.
Pero no deja de asombrar la cifra.

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