viernes, 26 de junio de 2009

Externalidades

Hay, en el Ecuador, una doble polémica. Una, estrictamente local, pero con ecos mundiales. La otra directamente mundial. La primera se refiere a los contratos de Fabricio Correa, hermano del presidente. Es local, pero se inscribe en el concienzudo trabajo de los políticos mundiales por conseguir que los ciudadanos miren con desconfianza, si no con desprecio, a la clase política. Pienso en las "veline" de Berlusconi o en los cambios de alianzas del Partido Socialista español a propósito de los impuestos a los más ricos. Lo de Correa está en esa línea.
La otra polémica es directamente mundial. Es la polémica sobre qué hacer con los recursos naturales cuya extracción agrede al medio ambiente. Cierto que esos recursos son dinero para el Estado (y para las empresas que consigan acceso a la tarta), pero no es menos cierto que, como sucede con el petróleo del Yasuní, hay pueblos originarios cuyas condiciones de vida empeoran y que la extracción trae consigo un deterioro del medio ambiente.
En esa misma línea está la posición del presidente peruano, Alan García, a propósito de las "riquezas naturales" de la Amazonía, en este caso, "su" Amazonía, es decir, la peruana. No puede haber, dice, tantos árboles que podrían ser talados y vendidos, digan lo que digan los indígenas que se oponen a las intervenciones "económicas" en lo que consideran (y, en buen derecho consuetudinario, es) su territorio. Y se oponen hasta ser masacrados por los poderes públicos limeños, como sucedió en Bagua.
Y, para terminar, lo escuché en una radio española a propósito de la discusión sobre el uso de la energía nuclear frente a la fotovoltaica o la eólica. Los partidarios de la primera esgrimían que era más barata, tutto sommato, que las otras dos. Pero los partidarios de las segundas, sin entrar a discutir tales extremos, añadían un criterio no-económico, es decir, una "externalidad" que un "buen" economista, inmerso en el coste-oportunidad o el coste-beneficio -económico, es decir, monetario-, no debería considerar, a saber, que no estaban en la lógica de lo no-renovable, es decir, que eran inagotables tendencialmente y, mucho más importante, que su impacto medioambiental era mínimo comparado con la atómica.
Es una cuestión de qué criterios utilizamos para "medir" las cosas. Si sólo es el dinero fresco, hay que explotar el Yasuní, talar toda la selva amazónica y llenar un país con centrales nucleares. Y el que venga detrás, que arree. Con estos amigos dentro de casa que velan por el bien común, no necesitamos enemigos externos que nos ataquen. Así que buscaremos esos enemigos externos para conseguir que no veamos lo que están haciendo los "amigos" internos.

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