sábado, 13 de junio de 2009

Empresa afín

Todas las simplificaciones son sospechosas. Esta también. Pero vistas las cosas que llegan directa o indirectamente de los medios de comunicación (y alguna información directa), parece que la relación observable entre economía y política (así, en abstracto) o entre empresarios y políticos (que es mejor: en concreto) hace revisar algunas simplificaciones. Sobre todo la de "el gobierno es el consejo de administración de los negocios de los burgueses" que diría el Manifiesto de 1848 (y ha llovido desde entonces).
1.- Porque hay casos en los que parece que es el poder político (políticos concretos) los que crean empresas afines para gestionar asuntos públicos y, de paso, enriquecerse o, en la mejor de las hipótesis y no por ello menos ilegal, financiar al propio partido. El gobierno crea negocios y los financia.
2.- Otras veces se trata de "afinidades electivas", que diría Goethe, o, en términos menos pedantes, "dios los cría y ellos se juntan". Se trata de trayectorias paralelas que, cuando se prolongan, sí que se encuentran. Gobierno y negocios, aunque con autonomía relativa, se dan la mano. Ese parece ser el caso del "caso Gürtel" en España.
3.- También hay casos de "business politics" a la estadounidense (y no sólo en los Estados Unidos), donde el dinero que fluye desde el mundo del lobby (empresarial, por supuesto) o directamente desde las empresas (en particular, financiando campañas) consigue "orientar" las decisiones políticas en los términos que más interesan al mundo del dinero. Ahí sí que se podría aplicar lo del Manifiesto, pero con suficientes excepciones como para que se tenga que huir de las generalizaciones. Porque, por ejemplo, las políticas energéticas o medioambientales pueden ir en contra de los intereses de algunas grandes empresas que, faltaría más, dedicarán sus dineros para "reorientar" a los políticos pero sin triunfo garantizado. Cierto que el lobby energético y el farmacéutico tienen peso en las decisiones políticas. Pero mucho mayor lo tiene el poder financiero y tampoco es omnipotente. La industria del tabaco tampoco lo ha sido, pero la diferencia entre un sistema opaco como el español y uno menos opaco como el estadounidenses es que sabemos que los senadores que se han opuesto a la nueva ley anti-tabaco han recibido fuertes ayudas de las tabaqueras. Y si nos olvidamos del espejismo de la "propiedad de los medios de producción" y nos quedamos en la capacidad de decidir sobre la empresa, hay casos interesantes de intentos de control de los desmanes de los altos ejecutivos por parte de los gobernantes.
4.- Finalmente, están los casos en los que el gobierno es un departamento más del negocio. Se trata de los empresarios convertidos en gobernantes que hacen que un equipo de fútbol, una televisión o una fábrica de caramelos se lleve con la misma lógica que la de un gobierno y viceversa. El caso más evidente ha sido el de Berlusconi en Italia, pero ha habido muchos más intentos en los últimos veinte años que yo sepa. El más claro, frustrado, han sido las varias campañas de Álvaro Noboa para llegar a la presidencia del Ecuador. Algunos amigos empresarios de allá me explicaban por qué no podían hacer otra cosa que votar en blanco: a la izquierda, no podían votar pues temían sus intenciones; pero a Noboa le podían votar todavía menos pues "sabían" que acabaría utilizando el Estado para arreglar los problemas de sus empresas (multinacionales, claro, como algunas de Berlusconi). Seguro que hay casos españoles, pero no se me ocurren ahora.

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