lunes, 15 de junio de 2009

El mal común

En la retórica de los políticos es frecuente escuchar eso de que ellos se dedican, como servidores públicos, a buscar el bien común. Por lo visto, esa es la legitimación más evidente de su salario y privilegios, que incluye la posibilidad de decir tonterías y que las reproduzca la prensa mientras las cosas sensatas de los ciudadanos de a pie difícilmente llegan a los medios. Pues bien, no es cierto.
Por lo menos no es cierto en más de un caso en los que el político practica el "cuanto peor, mejor". Se trata de políticos en la oposición que creen que cuanto peor se pongan las cosas, mejor les irá a ellos en las siguientes elecciones en las que los ciudadanos castigarán al gobierno que ha llevado las cosas "a peor".
Hay profesiones que llevan consigo el riesgo laboral del narcisismo. Me refiero a profesores universitarios (controlan el aprobado), jueces (controlan el veredicto), médicos (controlan la salud) y, por lo que estoy comentando, políticos que creen que la nube de aduladores no es de tales sino de rendidos reconocedores de su innegable valía. Que un político salga del baño y se vea asediado por una nube de periodistas que le preguntan qué tal ha evacuado puede tener la tentación de pensar que dicho acto ES importante por el mero hecho de haberlo practicado él (o ella).
Una vez entrado en esa hinchazón particular del Ego, es difícil salirse. Algún ex me ha producido ternura al ver cómo paseaba como si no hubiese leído los periódicos y no supiese que ya no está en el cargo: convencido de ser él, el más él de los ellos posibles. Por eso suele suceder que los ex se ponen particularmente irritados cuando escuchan críticas a su gestión pasada. Es lo peor que les puede suceder y están dispuestos a lo que haga falta con tal de que su Ego quede a la altura que dicho Ego le ha situado. Incluso dispuestos a fomentar el mal común con tal de demostrar que los que vinieron después y le quitaron el cargo son unos ineptos.
No estoy hablando de José María Aznar sino de Dick Cheney de quien el director de la CIA ha llegado a decir que parece que desea un nuevo ataque terrorista contra los Estados Unidos para que se demuestre que su política (porque no era de George W. Bush, que era más aparente que real) era la correcta y no las barbaridades que hacen estos inexpertos e irresponsables. Tal vez sea una exageración de Leon Panetta, pero encaja con la observación del comportamiento de otros políticos en otros lugares distintos y distantes.
Tenemos, pues, dos casos en los que hay políticos que desean el mal común: el de los que desean una "agudización de las contradicciones" y que caiga quien caiga (normalmente, los demás) y el de los que desean que se "demuestre" que los que han venido detrás lo han hecho mal.
Pero los males no terminan ahí cuando uno escucha en boca de políticos bienintencionados (que haberlos, háylos) la cantidad de trepas incompetentes que les rodean en su propio partido. La crítica que hacen a estos últimos es unánime: es gente que busca su propio interés, su propio bien y que no necesariamente ha pensado alguna vez en su vida en el bien común. Y ese tal vez sea el mayor mal común que sufre la especie en estos tiempos.

1 comentario:

  1. Aquí os dejo abrir un e-libro muy útil para que lo miréis, se llama “Manual y espejo de cortesanos”, de C. Martín Pérez.

    http://www.personal.able.es/cm.perez/comentarioslibros.html
    http://www.personal.able.es/cm.perez/Manual_y_espejo_de_cortesanos.pdf


    Simula, disimula, no ofendas a nadie y de todos desconfía: antiguo consejo para un joven Rey Sol que te servirá para desenvolverte y medrar en la Corte en la que todos sobrevivimos. Donde hay un grupo de personas, existirá una lucha por el poder, alguien lo conseguirá y a su sombra crecerán los cortesanos que conspirarán para quitárselo o para agarrarse a una porción de poder dentro de su Corte. Tal vez aún no te hayan contado cómo funciona todo esto. Te guste o no, ya estás metido de lleno en la Corte y es mejor que domines sus reglas. Despierta, otros ya te llevan ventaja. Es hora de medrar.

    Saludos

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