viernes, 12 de junio de 2009

Dictador, pero menos

El rector de una universidad estadounidense recibió al presidente Ahmadineyad, en septiembre de 2007 y en aquella universidad, con una sarta de insultos y sandeces entre las que se encontraba la calificación de "dictador" al dicho Ahmadineyad. Lo comenté, entonces, aquí donde también se encuentra, con medios algo primitivos por mi parte, el enlace al discurso de bienvenida del estadounidense al iraní y la carta que le dirigieron a aquel un grupo de rectores iraníes y que no tiene desperdicio.
Llega el día de reflexión de esta campaña presidencial y se sabe que Ahmadineyad puede perder hoy la elección frente a Musavi ("dolat-e omid", gobierno de esperanza, como contaba ayer Al Jazeera). Vamos a ver qué pasa, pero lo que sí tengo claro es que un sistema político en el que el que ocupa el puesto puede perderlo mediante voto universal, directo y secreto es difícil que se le considere una dictadura.
Si ahora se vuelve a leer la carta de hace casi dos años, se verá que no hay "democracias perfectas" (Guy Hermet se ha encargado de subrayarlo estos últimos diez años por lo menos). La estadounidense no lo es. Democracia made in USA como titulé mi librito. Tampoco lo es la iraní. Pero ni una ni otra son una dictadura.
Otra cosa es que se utilice lo de "democracy building" como hoja de parra que cubra las vergüenzas de algunas políticas exteriores que tienen otras motivaciones. Y que no se utilice con sistemas claramente dictatoriales pero aliados, como es el caso de más de un país en Oriente Medio. Con estos últimos, hasta se les podría aceptar en una "Community of Democracies" como la que proponía McCain en su campaña electoral a la presidencia frente a Obama y que está en la agenda de los conservadores estadounidenses: un selecto club de amigos de los Estados Unidos que legitimen sus aventuras e intervenciones. Que sean realmente democracias no sería lo importante. Lo importante es que sean amigos de los Estados Unidos. Miren, si no, lo que pasa con Gadafi, el demócrata de toda la vida y nunca terrorista internacional: sólo falta que le reciba el Papa ahora en Roma y ya fue visitado por el rey de España. ¿Razón? Para Italia, los 70.000 millones de dólares de inversión en la industria desde fondos soberanos. Así cualquiera es demócrata de toda la vida.

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