domingo, 7 de junio de 2009

Cuando la religión es sociedad

Hace ya algunos años compartí habitación con un indio, bramán para más señas, con el que puede hablar largo y tendido sobre lo que él llamaba su "filosofía". Llegado a un cierto punto le pregunté cómo gestionaban la cuestión de las conversiones. Me contestó que sin ningún problema ya que un hindú podía convertirse a cualquier religión sin por ello dejar de ser hindú. Pero mi pregunta era otra: qué podía pasar con los que se pudiesen convertir al hinduísmo. En realidad, para esa cuestión él no tenía una buena respuesta. Y la razón, creo entender, reside en que, para él, hinduismo y sociedad india era lo mismo de forma que, sin dejar esa sociedad y su estratificación en castas, uno podía irse a la religión que quisiese, pero que resultaba muy complicado convertirse a esa religión sin mecanismos para pasar a formar parte de aquella sociedad.
La cuestión, como he comentado alguna vez, es algo más complicada y, de hecho, las conversiones de hindúes a otras religiones (en concreto al catolicismo) no están exentas de problemas. Pero sí parece que hay religiones que tienden más a identificarse con su sociedad mientras otras religiones quedan como independientes de la sociedad en la que se encuentran. El amaut'ismo de algunos amigos aymaras (Bolivia) es de difícil separación de la socedad del altiplano mientras que otras religiones no tienen territorio. Y si el judaísmo es también pertenencia a un pueblo, otras religiones no incluyen dicha pertenencia.
Puede que sean elucubraciones de "sociólogo vago" u "ocioso", pero me sirven para introducir una estadística que acabo de encontrar gracias el Pew Research Center sobre los matrimonios inter-religiosos en los Estados Unidos. Esta es la tabla en la que se presenta el porcentaje, para cada religión, de la religión de la pareja:


Como se ve, los más endogámicos (los que tienden a casarse con los de su misma religión) son, precisamente, los hindúes, seguidos de los mormones, los católicos y los judíos (empatados estos últimos con las iglesias protestantes que han sido históricamente de negros). En el otro extremo, los que no se adscriben a ninguna religión y los budistas, seguidos de los protestantes de las grandes denominaciones y los testigos de Jehová (casi empatados con los ortodoxos) son los que tienen menores porcentajes de emparejamientos con personas de su misma religión. Porque sociedad no es sólo la del país (esa funesta manía de confundir sociedad y Estado), sino los grupos inmediatos en los que se desarrolla la vida cotidiana.
No hay, pues, una regla general que relaciona la religión y la sociedad (iba a decir "su sociedad"). Hay que ver cada caso, pero sí parece que hay religiones que tienden más a confundirse con las relaciones sociales y religiones que quedan en lo personal, lo privado o en grupos particulares en los que se anclan las propias creencias, instrumento sin el cual es difícil creer las cosas indemostrables que sostienen las diferentes religiones y que algunas afirman que esa creencia se debe a la "fe". Tal vez. Pero mucho más claro se deben al grupo del que uno forma parte.

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