lunes, 29 de junio de 2009

Adiós exámenes

Se supone que hoy he puesto mi último examen. Para celebrarlo, y por primera vez en mi vida académica, he llegado tarde al examen. Sencillamente, me equivoqué de hora y creí que era a las 12 lo que en realidad era de 9 a 12. A la vejez, viruelas.
Nunca he sabido examinar y siempre he quedado insatisfecho con esos rituales. Me ha resultado difícil saber qué es exactamente lo que había que medir y cómo había que hacerlo. Así que los exámenes, por motivos diferentes a los de los estudiantes, han sido para mí algo desagradable. El pensar que ya no voy a tener que hacerlos me llena de satisfacción, tal era el disgusto que me producían.
Comencé con exámenes con temas a desarrollar. Un desastre, sobre todo cuando se acumulaba un centenar de los mismos y las letras eran ilegibles. Qué estaba midiendo era un misterio. Así que pasé a abundantes lecturas, recensiones, resúmenes, trabajos y memorias de la asignatura. Fue el mejor momento mientras tuve una veintena de estudiantes, pero ya no pude cuando pasaron del centenar porque cambié de facultad, no porque aumentara la demanda de mi optativa (siempre he querido tener asignaturas optativas: el que quisiera, que viniese, y el que no, no). Ahora bien, si mantenía aquel ritmo (porque me leía lo que escribían), tenía que abandonar la investigación y las publicaciones (lejos de mí la funesta manía de usar a los estudiantes como carne de cañón para que hagan mis trabajos, cosa que pasar, pasa). Y uno de los absurdos del sistema universitario es que se valora más la publicación que la docencia, justificación al fin y al cabo de todo el tingladillo.
Me quedé entonces con proponer temas a desarrollar en plan trabajos. Pero, primero, no podía saber quién los había hecho realmente (podía, eso sí, pedir un examen oral y preguntar sobre el trabajo, pero las normas imponían tribunal y eso era demasiado). Y, lo peor, perdía cada vez más tiempo controlando cuántos y cómo habían incumplido la norma de no "copiar y pegar" de internet. En general, como un tercio de los trabajos había "copiado y pegado" y, encima, mal, sin darse cuenta de los latinoamericanismos o sin citar la obra que el autor plagiado citaba a final de trabajo que, al no ser reproducido, no aparecía en lo que se me presentaba. Si ellos habían usado google para "copiar y pegar", yo podía usar igualmente a google para encontrar la fuente del plagio (que, por cierto, en algunas universidades no se considera tal a no ser que haya un fallo judicial que lo dictamine -están locos estos humanos-). Inútil, pues, lo de los trabajos.
Pasé de Sancho el Fuerte a Sancho el Bravo y Sancho el Bueno, pero he terminado como Sancho Panza. Los exámenes ahora son tipo test: 30 preguntas en los parciales y 60 en los finales para los que no los hayan superado, con tres alternativas en cada una, penalizando los errores y las respuestas en blanco para evitar el puro azar (hoy había un caso que, casi con certeza, se ha dedicado a responder al azar y, claro, ha suspendido).
Son exámenes bastante idiotas. Lo reconozco. Tal vez sirvan para medir memoria, pero nada más. Eso sí, tienen una ventaja: el nivel de protesta es mucho menor. Prácticamente inexistente. En los exámenes con preguntas más generales a desarrollar, siempre había quien venía a decir que su nota tenía que ser mejor. Con los tests no sucede. Como es un ordenador el que corrige, el respeto reverencial hacia la tecnología hace que se tome como bueno lo que del ordenador viene, fuente de toda exactitud y justicia. Se equivocan: se podrían discutir las preguntas, pero eso supondría un trabajo extra que los que pueden hacerlo han aprobado y no lo necesitan.
En los cursos que dé a partir de ahora, y si tengo la desgracia de que me toca volver a poner notas, regresaré al sistema de los trabajos. Serán cursos más reducidos y cortos y con gente que ya ha pasado una cierta criba, aunque no me haga ilusiones: hace un par de años, en un curso de doctorado, un estudiante me hizo lo de "copiar y pegar". Pero preferiré cursos y charlas en las que no tenga que evaluar a nadie. Me basta con que me evalúen a mí.

7 comentarios:

  1. Enhorabuena profesor. Me alegro de haber pertenecido a la generación de tus alumnos que coincidió con el que tu consideras "el mejor momento". Yo también creo que fue el mejor sistema de evaluación de todos los que explicas, de eso ya hace más de quince años.
    Un abrazo, por los viejos tiempos...

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  2. No te ubico porque "seldon" no dice mucho, aunque suena a Asimov. Fue un buen momento y un buen sistema de trabajo para vosotros y para mí. Pero, "tout passe avec le temps; le temps passe lui-même". Otro abrazo

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  3. Jo vaig ser alumne de l'època dels treballs, però encara no havia internet -o jo no sabia utilitzar-lo- i el còpia i pega no estava perfeccionat. Amb el teu sistema de d'examinar vaig descobrir l'existència i importància de les revistes "científiques" i demés publicacions, així que a part dels continguts de l'assignatura vaig poder aprendre moltes altres coses.

    Salutacions José María.

    Juanmi.

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  4. Creo que todavía no teníamos internet y yo usaba transparencias de acetato con retroproyector.
    Se trataba precisamente de eso: de aprender cosas al margen de lo que yo pudiera decir.
    Cuando yo era estudiante decía que "ningún profesor me iba a impedir aprender". No sé si enseñé mucho, pero sí quise que aprendierais a aprender.
    Gracias, Juanmi

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  5. Les transparències tapades amb un full foren llegendàries. Crec que vas assolir els objectius i, per això, nosaltres també.

    De res, mestre. Gràcies a tu.

    Juanmi

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  6. Nos hacías currar mucho, pero mucho mucho :-)

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