miércoles, 6 de mayo de 2009

Pesada herencia

Con un día de diferencia he tenido que enfrentarme a dos auditorios bien diferentes: por un lado, estudiantes, aunque no todos de económicas, pero preocupados por eso que llaman desarrollo, solidaridad y, en general, oenegismo. Suficientemente politizados como para compartir algunas bromas e incluso sarcasmos por mi parte. Muy jóvenes, escandalosamente jóvenes y con toda la vida por delante. Por otro lado, jóvenes empresarios, con sus carreras ya hechas, preocupados por la formación continua y preocupados por la que está cayendo. Algunos más "progres" que otros, pero en un ambiente diametralmente opuesto al anterior, incluso numéricamente: un centenar frente a una veintena. Pero el tema, con sus más y sus menos, ha sido más o menos el mismo: la que está cayendo. Y en ambos casos he percibido una actitud negativa hacia los que han dejado esta pesada herencia para su futuro (en el caso de los jóvenes estudiantes) y para su presente (en el caso de los empresarios).
La cosa puede haber empezado hace treinta años, redondeando, cuando la frase de Kennedy (no pienses que puede hacer tu país por ti, piensa qué puedes hacer tú por tu país) es sustituida en el reaganismo por un escueto "piensa qué puedes hacer tú para ti". Ese fue el cambio cultural importante que fue acompañado por el descrédito del Estado como actor en los procesos económicos y el auge del "menos Estado, más mercado", mercado en el que el pez grande se comía al chico.
Lo que bajo Carter se había visto como la necesidad de gestionar decentemente la decadencia de los Estados Unidos, es sustituido por el ascenso de los neoconservadores que quieren que el siglo XXI vuelva a ser un "American century", para lo cual encuentran que el "hard power", el militarismo, va a ser el instrumento más apropiado. Nada de dividendo de la paz sino auge del armamentismo y del intervencionismo para lo cual todo enemigo será bueno ya que legitimará el armamentismo.
La desigualdad se convierte en algo deseable y, en el caso de los Estados Unidos, en un efecto observable de las prácticas dominantes. Pero a más desigualdad, menos mercado (mercado de manual, no el realmente existente), menos competencia, más robo, más enriquecimiento en las alturas y mayor necesidad de entretener a los pobres o empobrecidos con "panem et circenses".
Las desregulaciones económicas a favor de "los de arriba" y el militarismo para mantener la estructura feudal del sistema mundial acabaron reventando y estos individualistas se salvan recurriendo al Estado y manteniendo el militarismo aunque ahora la retórica sea otra.
La que está cayendo no se debe a un fenómeno natural sino a una serie de decisiones equivocadas por parte de los líderes políticos (todo vale, enriqueceos, beautiful people en España) fuesen del "color" ideológico que fuesen, a malas prácticas económicas (reconocido por Alan Greenspan, nada sospechoso al respecto), a la trasmisión de una determinada cultura particularista y exclusivista y a una exaltación de la violencia como medio para solucionar problemas incluidos los económicos.
¿Qué se puede hacer? Me preguntaban. Y mi respuesta honrada era que no lo sé: pero tengo a mi favor el que yo soy sólo un intelectualillo de provincias que pelea por aclararse mientras que nuestros amados líderes disfrutan de los consejos de innumerables consejeros bien pagados y relativamente bien (des)informados. Sin embargo, ninguno de los líderes parece haber dado con la piedra filosofal y, en todo caso, el que dice haberla encontrado tiene ante sí otro líder que dice que la piedra filosofal es exactamente la contraria, como bien se ha visto en el G-20 de Londres. No sabemos lo que pasa, y eso es lo que pasa.
Porque ¿qué puede pasar? Pues cualquier cosa. Un sistema tan alejado del equilibrio como el sistema mundial contemporáneo puede tirar hacia cualquier lado a partir de leves soplos de viento que pueden venir de cualquier rincón del Planeta: una nueva moneda en Asia o un avance pastún (más que talibán) en Afganistán-Pakistán o un príncipe asesinado en Sarajevo puede desencadenar cualquier cosa y su contrario.
Estas dos incógnitas (qué hacer y qué va a pasar) no debería evitar plantearse la cuestión de quiénes han sido los que nos han llevado a ésta. Ladrones, irresponsables, megalómanos, engreídos, pedantones al paño, ignorantes con poder, hiper-egoístas ("y después de mí, el diluvio"), cortoplacistas, abusones, prepotentes, insaciables... estúpidos. Y nosotros por haberles dejado. Porque se sabe quiénes son y, lo que es peor, se sabía. Y, encima, están recibiendo dinero de los gobiernos, es decir, de los ciudadanos que se ven empobrecidos.
La historia (no dios) puede escribir recto con renglones torcidos. Ojalá. Pero por más que le doy vueltas, no encuentro motivos para el optimismo. Bueno, sólo uno: la facilidad que tengo para equivocarme.

No hay comentarios:

Publicar un comentario