sábado, 23 de mayo de 2009

Pena de muerte

Conviene, de vez en cuando, tomar distancia frente a los estados de opinión circundantes. En el caso español, cuando hay un atentado particularmente sangriento o un crimen particularmente cruel, es frecuente que se pida un aumento de las penas (eso es venganza, al fin y al cabo) o incluso que se reinstaure la pena de muerte o se garantice el cumplimiento completo de la pena. La respuesta que se suele dar, desde los poderes públicos contrarios a tales medidas, es que van contra la última Constitución, a lo que los partidarios responden, no siempre de viva voz y en público, que entonces lo que hay que hacer es cambiar la Constitución.
Los Estados Unidos sí tiene la pena de muerte en la legislación de varios Estados y en algunos de ellos se sigue practicando. De vez en cuando se recuerda que George W Bush ha sido el gobernador de Texas que más penas de muerte ha firmado.
Una encuesta de hace unos pocos días volvía a poner sobre el tapete la cuestión de la pena capital y los estadounidenses aparecían más divididos de lo que suelen estar los europeos en general y los españoles en particular que, por más que en momentos de rabia crezcan los partidarios de la misma, sin embargo no parece que haya alcanzado los niveles que obtiene en los Estados Unidos.



Algo más de la mitad a favor de la pena de muerte y algo menos de la mitad a favor de la cadena perpetua para los casos de asesinato. Pero lo que me ha interesado es la siguiente tabla:


La encuesta recurre a la Constitución y recuerda que, según la misma, no puede usarse un castigo que sea cruel e inusual sea cual sea el delito cometido. La pregunta es si el entrevistado considera que la pena de muerte es un castigo cruel e inusual (es decir, es inconstitucional) o no. 73 por ciento no lo cree así y un 26 por ciento, implícitamente, dice que la pena de muerte es inconstitucional. Cifra esta última mucho más alta de la que yo me hubiera esperado y eso que es lo que yo creo. Para más inri (nunca mejos dicho), la pena de muerte es irreversible y hay suficientes antecedentes de errores judiciales al respecto como para que, antes de lanzarse a gritar "quiero castigo", se tiente la ropa el que tal cosa propone: el próximo podría ser él o ella.

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