lunes, 25 de mayo de 2009

Contra los jueces

Esta mañana he escuchado a un radiopredicador bramar contra el juez que dictó la sentencia de los atentados del 11-M por no haberlo hecho en la dirección que le hubiera gustado al susodicho radiopredicador. Ya puestos, ha bramado contra el juez (me parece que no era el mismo que el anterior, pero no estoy seguro), digo que ha bramado contra el juez que le condenó por injuriar a un político al que, de paso, a vuelto a insultar y declararlo insensible al dolor de las víctimas y desinteresado por el castigo a los verdaderos culpables que, por supuesto, son los que el radiopredicador dice y no los que dice el juez. 
Banal. Como fue banal la condena, ya hace bastantes años, a un alcalde andaluz por haber dicho que "la justicia es un cachondeo". En general, las sentencias se aceptan según encajen con las propias preferencias. Se "acatan" en el mejor de los casos, pero se está en contra si no hacen lo que a uno (o a su partido) le hubiera gustado. 
Humano, demasiado humano. Por parte de los jueces, porque son objeto de presiones y no siempre son capaces de resistirlas: hay algún que otro juez condenado por corrupto en Cataluña, que ya es lo más visible, pero son pensables situaciones en las que no ha sido "sentencia-por-dinero" sino que ha sido "sentencia-como-pago-por-favores-previos", y más cuando en determinadas instancias judiciales se está porque un partido político te ha nombrado. En todo caso, humano porque los jueces no sólo pueden prevaricar sino que, simplemente, pueden equivocarse como todo ser humano.
Y humano también porque nunca llueve a gusto de todos: una sentencia se aplaude por unos y se pita por otros que, recurrida y desautorizada por la instancia superior, es objeto de rechazo por los que aplaudían y de aplauso por los que pitaban. 
Pero todavía no hemos llegado a la situación de los Estados Unidos en la que algunos jueces tienen que preocuparse por su seguridad, temen por su vida y tienen que tomar medidas protectoras con ayuda policial. ¿O sí?

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