domingo, 19 de abril de 2009

Spam

La energía que se gasta en afrontar la publicidad no deseada que entra por internet (spam) equivaldría a la energía que consumen 2,4 millones de hogares estadounidenses. Eso dice un estudio que acaba de hacerse público y que añade que se envían 62 billones de spam al año en este mundo traidor. Una amenaza más al medio ambiente: 17 millones de toneladas de CO2.



Este blog tiene buenos cortafuegos y no entran con facilidad. La razón es que pide una intervención humana escribiendo las letras y números, ligeramente deformados, que aparecen con cada intento de introducir un comentario. En cambio, en mi antiguo blog, siguen siendo frecuentes los spam. Los limpio por puro superego o neurosis de las manos limpias, no sé. Y, de vez en cuando, tengo que borrar el post de allí ya que ha sido descubierto por máquinas distribuidoras de spam y lo inundan de ídem.
Donde no puedo evitar el spam es en el correo electrónico. En la cuenta de google, hay una discriminación inicial que envía, por sugerencia mía, a la papelera lo que la máquina de google reconoce como spam. Claro que tengo que ir de vez en cuando a la papelera porque la máquina no es perfecta y, a veces, me ha enviado a la basura cosas que sí me interesaban. Por otra parte, también sucede que deje pasar a la bandeja de entrada mensajes que son spam.
Algunos son enternecedores: los del tipo phising -o como se escriba- que me avisan de los problemas de una cuenta corriente que no tengo en un banco o caja con los que no tengo ninguna relación. Hoy entró como mensaje normal (no detectado como spam) uno que me decía que mi dirección electrónica estaba siendo utilizada ilegalmente por otras personas, razón por la que un supuesto "administrador de correo" me pedía dirección, contraseña y un par de datos más que tampoco recuerdo. 
Eran enternecedoras también las "cartas nigerianas" que, esas sí, google reconoce como spam: la inconsolable viuda de un corrupto africano (presentado como tal pero sin usar tan tétrica palabra) te pide tu ayuda para sacar (ilegalmente, por supuesto) de su país el dinero que su difundo marido dejó en un banco. Conocedora de tu moralidad, ética y buenas costumbres, te propone el negocio: tú pones un dinero, ella saca el dinero y te paga con creces.
Por caminos que se me escapan, mi dirección está en algún paquete de direcciones que se vende en Chile, razón por la que, periódicamente, recibo anuncios chilenos que van desde restaurantes de sushi a compra de vino pasando por cursos de contabilidad para responder a la nueva legislación chilena. Qué vaya yo a comprar de esos anuncios es un misterio. Pero tampoco voy a comprar viagra o cialis o voy a alargarme el pene como me proponen otros spam. 
O sea, que por más que diga que no los veo, el caso es que los tengo clasificados (además de los que he enviado a la papelera porque me trasmiten información sobre eventos culturales y académicos a los que jamás podría asistir o me envían sesudos trabajos académicos sobre temas que no me interesan escritos por gente que no tengo "fichada" y, por tanto, tengo que tentarme la ropa antes de ponerme a leerlo, que hay que ser selectivo. Gracias por haber llegado hasta aquí: mal hecho ;-)

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