miércoles, 22 de abril de 2009

Partido único

Por lo general, si el partido único es "de los nuestros" es una buena cosa. Permite llevar adelante nuestro programa sin tener que soportar críticas y zancadillas de la oposición legal (a la ilegal, el peso de la ley que dicta el partido único). Si el partido único es "de los otros", no es una buena idea ya que permite abusos, agudiza la corrupción y el clientelismo, genera una "nueva clase" y, tendencialmente, se convierte en un instrumento para satisfacer los intereses del partido (cuando no sólo los del líder y en quien él delegue) y no los de la colectividad.

El partido único se puede legitimar de muchas maneras. La más sencilla es el mesianismo, de posibles raíces judías y cristianas. El partido es el instrumento providencial para afrontar los problemas graves que tiene el país y lo es porque tiene LA respuesta que le dicta Dios, la Historia, la Raza (o lo que proceda). Poseer la verdad y de manera monopolística es un buen argumento para legitimar el partido único. La más complicada es la de la provisionalidad ante la crisis tremenda que atraviesa el país. Se supone que el partido único es una etapa en un proceso de mejora generalizado que, en un momento determinado, exige que se asuman todos los poderes para afrontar un problema excepcional (por ejemplo, una crisis económica aguda). Que alguien pueda conocer la Verdad hasta ese punto es algo que se puede discutir... excepto con los que la poseen, claro. Los "Chicago boys" de la dictadura de Pinochet sabían perfectamente lo que se tenía que hacer y lo hicieron y sólo cuando se vió lo que habían producido, el guru Friedman negó que hubiesen estado aplicando sus recetas.

Hay varios sistemas de partido único en este momento. Cuba es el más obvio. Otros se están montando o podrían llegar a ello (si es un riesgo o una oportunidad, dependerá de si los consideramos "de los nuestros" o "de los otros"). Son los casos, respectivamente, de Venezuela o del Ecuador. Hay sistemas que son o han sido, simplemente, sistemas de partido dominante, que tiene algunos problemas comunes con el de partido único. Eso fue el México del PRI, antes de "democratizarse" (sic). Otros, finalmente, son sistemas de aparente pluralismo pero de partido único en la práctica. Pienso en los Estados Unidos, por supuesto.

Viendo los tremendos errores para el bien de la colectividad que se producen en sistemas pluralistas, temo siempre que los errores en los sistemas de partido único o incluso dominante puedan ser mayores. La enorme dificultad que tienen para asumir observaciones críticas sobre lo que hace el partido es un argumento más para desconfiar del partido único. Pienso en las airadas respuestas de González Casanova y del mismísimo Comandante a las observaciones, nunca desdeñables, de Petras.

La ventaja de los pluralistas es que, por lo menos en teoría, se puede cambiar de gobierno después de una gran metida de pata (como la del Partido Popular el 11-M en España) y, ya que nadie monopoliza LA respuesta apropiada y correcta, se puede ir tanteando y trampeando (que eso es la vida humana, al fin y al cabo). Aunque no guste y suene a desmovilizador, no se trata de conocer la verdad (¿qué es la verdad? se preguntaba Pilatos) sino de intentar evitar el error.

(Publicado originalmente en mi antiguo blog, el 27 de septiembre de 2007, y exportado ahora para evitar que sigan cayendo spam, después de haber borrado cinco de ellos. Señor, qué crús)

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