miércoles, 29 de abril de 2009

Más gripe porcina

Esta mañana, en algunas radios españolas, ya se habla de la "gripe mexicana" (no de "gripe norteamericana" como proponía la OIE), supongo que como efecto de la industria del cerdo, cuya variante ibérica tanto aprecio. Es chocante que, desde el punto de vista de algún ultraortodoxo judío, se apoye la iniciativa ya que lo de "porcino" implica una referencia a un animal impuro, razón por la que un viceministro israelí se ha apuntado a lo de "gripe mexicana": para no nombrar al animal impuro. A la espera de que algún ultraortodoxo cristiano diga lo que ya dijeron en el 11-S (castigo de dios por los pecados de los Estados Unidos, por supuesto en el terreno de la sexualidad, no de la injusticia), también ha habido algún ultraortodoxo musulmán que ha visto en la gripe un argumento que da la razón al Corán que prohibe comer cerdo (como si esta gripe tuviese algo que ver con la ingesta del noble animal).
Las cifras siguen aumentando (véase el gráfico del New York Times, no más de 10 países) y las alarmas van todavía más en alza, aunque los gobernantes intentan apaciguar los ánimos al tiempo que muestran y demuestran que se ocupan diligentemente del caso. Eso sí, todos procuran demostrar que el origen está fuera de su alcance y, por tanto, de su responsabilidad. Si ha sido en "Granjas Caroll" (la mayor pocilga del mundo, un millón de cerdos cerca del Distrito Federal) o ha sido en Asia, dependerá del peso que tenga el interés de echar balones fuera en la declaración oficial. Y sí parece que inicialmente las autoridades locales mexicanas intentaron evitar que se conociese la existencia de gripes "atípicas" bajo su jurisdicción. Interesante la crónica de Flores d'Arcais yendo a México tras las huellas de la "febbre suina" ("swine flu".
Sólo recuerdo que el mal de Chagas, el que trasmite la temida vinchuca en toda América Latina, es posible que haya afectado a más de 15 millones causando la muerte de 50.000 personas al año.
Y si en Argentina se están preocupando por esta gripe, tal vez vendría bien recordar el problema que hay allí con el dengue, con más de 20.000 afectados, enfermedad también difundida en otros países.
Y, puestos a recordar, recuérdese el peso que tiene la malaria en las muertes en los países periféricos. Doscientos millones de casos al año, entre uno y tres millones de muertes al año.
¿Por qué, entonces, este pánico? Puede ser el miedo a lo desconocido (no saben cómo puede evolucionar), o los sectores a los que afecta (el turismo), o el que haya tocado al país hegemónico (tan cerca de Dios y tan cerca de México) y esté afectando a los países centrales con turismo masivo o, como ya he dicho, porque haya intereses farmacéuticos de por medio. Si, para obtener beneficios, no se ha dudado a lo largo de la historia, por parte de las grandes empresas,  en provocar guerras sangrientas (la guerra del Chaco entre Bolivia y el Paraguay pudo llamarse "la guerra de las multinacionales", Standard Oil, Royal Dutch Shell), los paranoicos amantes de las teorías conspiratorias pueden pensar que ahora también. Con el agravante de que no hay peor paranoico que aquel que, realmente, está siendo perseguido. Porque aunque las teorías conspiratorias no son el primer recurso para explicar la realidad, las conspiraciones existen. No hay por qué excluir esta hipótesis.
(El mapa que publica hoy El Mundo en edición en papel -no lo encuentro en la virtual- es más "estentóreo" que el que reproduje ayer aquí. Cuestión de estilo)

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