martes, 28 de abril de 2009

La izquierda e Israel

Encuentro un artículo sobre el apoyo inicial de la URSS de Stalin al naciente Estado de Israel. Eran los tiempos del macartismo estadounidense, se dice, y en aquellos tiempos judío y comunista eran la misma cosa para la ultraderecha estadounidense en su hegemonía interna (y externa). De hecho, inicialmente, los Estados Unidos no apoyaron al estado de Israel. Incluso lo vieron con mucha desconfianza. Cuestiones internas, como digo, pero también aplicación de "el amigo de mi enemigo es mi enemigo".
Sin embargo, prosigue el artículo a partir del libro del ruso Leonid Mlecin, Stalin acabó haciendo purgas antii-judías so capa de luchar contra el cosmopolitismo y el sionismo, pero temiendo alianzas entre el Frankestein que había contribuido a crear y los propios judíos rusos.
El "socialismo en un sólo país" tenía como resultado el sometimiento de las causas mundiales a los intereses de la Patria Socialista, como bien se encargó Orwell de denunciar en su Homenaje a Cataluña a propósito del papel contrarevolucionario de la URSS en la última guerra civil española (1936).
Ni la URSS de Stalin ni, a lo que cuenta, la izquierda europea se preocuparon excesivamente del destino de los palestinos que iban siendo desplazados y exiliados. Pero es que la ideología no consiste en principios inamovibles sino que se adapta a las condiciones ambientales con bastante oportunismo. Si la política es el arte de lo posible, la ideología es la posibilidad de la política.
Ahora son los Estados Unidos los aliados naturales del Estado de Israel y las jóvenes izquierdas europeas pasean su kefiyeh como signo de su apoyo inquebrantable a los parias de la Tierra.
Bien está que se defienda el papel movilizador de la ideología, pero que se haga a costa de deformar consciente y voluntariamente la realidad... Es como cuando Santiago Carrillo, secretario general del PCE, sabiendo de la buena salud del franquismo, predicaba la inminente caída del mismo, con el sano propósito de mantener elevada la moral de los militantes (lo muestra Fernando Claudín en sus Documentos para una disidencia comunista). 

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