jueves, 9 de abril de 2009

Insensibles

El comentario de Berlusconi a propósito de las condiciones en que se encuentran los afectados por el terremoto, en particular en L'Aquila, no es excepcional. Ni en la persona, que se ha caracterizado por un muy peculiar sentido el humor, ni en la clase social a la que pertenece. En tono jocoso (lo escuché por la radio) comentó que los damnificados se encontraban bien, tenían comida y vivían en tiendas de campaña "como si fuese un cámping de fin de semana". Dichosos ellos, le faltó decir.
Suele ser frecuente en muchos de los que se encuentran "arriba" en la escala social: una absoluta insensibilidad para las condiciones de "los de abajo", cuya existencia incluso llegan a negar a fuerza de no verlos y no sentirlos. Berlusconi está "arriba" no sólo en la clase política sino también en la clase social: en la lista de Forbes de los mil-millonarios (personas con una fortuna superior a los mil millones de dólares), Berlusconi aparecía entre los 25 primeros mundiales en la lista del año 2000. Cierto que después ha dejado tan preclaro puesto, pero sigue presente en el club de los mil-millonarios en la lista de este año 2009. 
Me he tenido que acordar de comentarios parecidos de Barbara Bush, esposa de Bush II, a propósito de los evacuados por el huracán Katrina, aunque en su caso el tono jocoso no aparecía por ningún lado: la buena señora venía a decir que los refugiados en el polideportivo no tenían por qué quejarse ya que estaban mejor de como vivían antes del huracán.
Y, yéndose más y más atrás, cómo no recordar a la bendita Maria Antonieta, esposa de Luis Capeto, que cuando le decían que el pueblo francés, en la Francia pre-revolucionaria de finales del XVIII, no tenía pan, contestaba que entonces comiesen bollos. 
María Antonieta terminó en la guillotina. La señora Bush, no. Y, a lo que parece, tampoco Berlusconi va a sufrir la furia de los sansculottes que, al fin y al cabo, le votan masivamente y votarán a su partido (El Pueblo de la Libertad) en las próximas elecciones aunque a él ya no le voten porque no se presenta. Pero algo suena a aires de fronda en estos momentos de crisis. Tal vez no haya guillotinas, pero quizá estemos a punto de ver cambios muy importantes. Pero igual no. Como el bravucón de la poesía, "fuese y no hubo nada". Podría ser. "Los de abajo" seguirán igual, sin capacidad de introducir cambios a su propio favor,  y "los de arriba" seguirán sin enterarse.
Sólo cuando haya pasado el temporal, podremos ver si "los de arriba" hicieron lo que les convenía o se equivocaron (las consideraciones éticas y religiosas las dejo para los creyentes, vistan de Armani y calcen de Prada o no). Si pierden, si van a la guillotina, sabremos que deberían haberse preocupado por los sinpan y los sintecho aunque no fuese más que para evitar su rebeldía. Y si no pierden y siguen en el machito, sabremos que hicieron lo mejor que podían hacer: seguir en el machito sin concesión alguna que, obviamente, habría sido innecesaria. Eso sí: estas cosas se saben a toro pasado y nadie en sus cabales puede asegurar que se trata de una u otra hipótesis con certeza. Tal vez con mayor o menor probabilidad, pero certeza-certeza, pues no. Así que "los de arriba" apuestan y los hay reformistas (que creen que el resorte no se puede estirar indefinidamente sin riesgo de romperlo: se vogliamo che tutto rimanga come è, bisogna che tutto cambi, si queremos que todo siga como está, hace falta cambiarlo todo) y los hay conservadores (que creen que no hace falta cambiar nada para que nada cambie).  Cuestión de tiempo.

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