martes, 7 de abril de 2009

Homofobia y otras censuras

Han causado un cierto revuelo las opiniones de una profesora de la Católica de Murcia vertidas en la Universidad de Alicante. Su autora, que se declara numeraria del Opus Dei, da después su versión del revuelo. Puedo estar de acuerdo con cosas que dice y no lo estoy con otras de las que afirma, como puede ser esa curiosa referencia a la "ley natural" que más parece tomada de la Biblia que no de la observación de la Naturaleza.
El revuelo ha superado las fronteras provinciales, ha motivado declaraciones del rector de la U. de Alicante (rechaza las opiniones, pero defiende el derecho a defenderlas, muy al modo volteriano) y tomas de posición públicas y privadas por parte de profesores y sindicatos.
Probablemente no habría habido tanto revuelo si dichas opiniones no hubiesen estado colgadas en YouTube. Como después sabemos, no formaron parte de la conferencia sino del coloquio y su autora se reconoce no-experta en el asunto, pero no ajena de opinión si se le pide. Es uno de los temas que suele preocupar a los miembros del Opus Dei. Y seguro que habrían pasado sin pena ni gloria si en lugar de homófobas (si es que lo son) hubiesen sido islamófobas. 
Porque hay fobias y fobias y ahí le doy la razón a la numeraria: cierto que mis amigos homosexuales han tenido que sufrir una larga noche de desprecio y persecución, pero eso no los hace inmunes a cualquier tipo de crítica. Como los que ahora dicen que lucharon contra Franco y, por tanto, no se les puede criticar. O los islamistas que rechazan a un secretario de la OTAN porque no fue suficientemente enérgico en el asunto de las caricaturas de Mahoma. 
Estoy, por una vez y sin que sirva de precedente, con el Rector: hay opiniones de esta señora que son de difícil justificación, otras son muy discutibles, pero son discutibles, y tiene derecho a exponerlas. Como si quiere exponer sus ideas sobre la maldad intrínseca del mercado o la bondad intrínseca del mercado (asunto mucho más importante que saber si la homosexualidad es una enfermedad, una desviación, una perversión o un asunto privado). O quiere defender la bondad intrínseca de todos los palestinos y la maldad intrínseca de todos los israelíes o, viceversa, la maldad de los palestinos y la bondad de los israelíes. O, por poner ejemplos que no se hayan defendido en la Universidad de Alicante mientras que los anteriores sí que lo han sido, si quiere defender que el Holocausto no lo sufrieron 6.000.000 de judíos sino que lo sufrieron muchas más personas (gitanos, homosecuales -sic, el homocausto-, disminuidos psíquicos) o que los judíos no llegaron a tal cifra. En el caso de los juicios de valor (bondad/maldad, vicio/virtud) es poco discutible: tú tienes unos y yo tengo otros y carecemos de criterios intersubjetivos para decidir por unos u otros. Lo de la ley natural es un mal truco. En el caso de constataciones empíricas, pues traiga usted la documentación, las pruebas y contrapruebas y veamos qué pasa. Y en el caso en el que lo empírico se mezcla con lo evaluativo, pues argumentemos. Pero ninguna de las opciones tendría que estar prohibida. 
Puestos a ser volteriano (rechazo totalmente su opinión pero daría mi vida para que usted pudiera seguir defendiéndola), se podría extender a la llamada Ley de Partidos. Desde el punto de vista del positivismo legal, dura lex sed lex o, mejor, absurda lex, sed lex. Pero no parece aceptable que se exija rechazar la violencia para ser aceptado en el distinguido club de los partidos legales cuando no se incluye el rechazo a la violencia del Estado ni se pone sobre el tapete el rechazo al régimen franquista. No digo que haya que hacer cuestión de vida o muerte este último rechazo: digo que si se hace una cosa con los abertzaleak, se tendría que hacer, de manera universalista, en muchos otros ámbitos. Rechazo visceralmente el uso de la violencia política como método para lograr la independencia (en las circunstancias vascas, además del rechazo ideológico, es que es un medio que no lleva objetivamente al fin propuesto) y me tiene sin cuidado que la Comunidad Autónoma Vasca (o la Catalana) se independicen de la Madre Patria, pero creo que tienen derecho a organizarse políticamente para defender esa independencia. Primero, porque es una forma de renunciar a la violencia que rechazo. Y, segundo, porque es la única manera de tener un interlocutor válido mientras no se rechaza la violencia.
Volviendo a la profesora, curioso el ruido montado por unas opiniones en un coloquio después de una conferencia. Algo de censura contra ella sí que puede detectarse. Eso sí, no es comparable con la discriminación que ejercen contra los homosexuales. Bueno, también son algo laxos con los curas pedófilos, pero ésa es otra historia.

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