lunes, 20 de abril de 2009

Hambre

El secretario (ministro) de agricultura de los Estados Unidos, Tom Vilsak, lo tiene claro: si no tienes qué comer tienes tres posibilidades, a saber, disturbios, emigración o muerte. Y este último "o" puede sustituirse por una "y" ya que las tres opciones no se excluyen.
Lo ha dicho a propósito de la reunión del G8 de estos días en la que se discuten temas relacionados con la alimentación, la agricultura y el hambre que afectaría ya a mil millones de personas en el mundo según contaba el poco sospechoso Financial Times hace unos días: la parte de arriba del gráfico es, en millones, la evolución del número de "subnutridos", es decir, de hambrientos, en el mundo "en desarrollo", es decir, que no incluye a los "subnutridos" en el mundo "desarrollado" (para los hambrientos en los Estados Unidos, pinchar aquí). La parte de abajo es en porcentajes. Como se ve, el porcentaje había caído en los últimos años aunque el número, hasta el 2005, estaba relativamente estable: simplemente, aumentaba la población que no pasaba hambre. Los últimos años dan aumento en absolutos y en relativos.
Añado un gráfico más, esta vez ya no del Financial Times sino de la FAO, como ejercicio adicional de sano escepticismo sobre la "verdad" de los gráficos. En éste, puede verse cómo ha evolucionado el número de subnutridos sin incluir las estimaciones para 2009 y quedándose en la última valoración de la FAO, la de 2007. Como puede comprobarse, no ha aumentado tanto como el dramatismo del Financiasl Times podría hacer creer. Eso sí, una inspección más detallada llevaría a otras conclusiones, que no son ahora del caso y que dejo para otra ocasión. El efecto, como puede apreciarse, se consigue reduciendo la distancia de la base, la del eje en que aparecen los años, o estirándola: más pequeña en el Financial Times, más grande en el informe de la FAO de 2008 sobre la inseguridad alimentaria en el mundo, que ésa es otra lindeza del vocabulario internacional que ya se avergüenza de decir "hambre" y llama "subnutridos" a los hambrientos y utiliza esa bella "inseguridad alimentaria" que es todavía más suave para hablar de estos asuntos.



Según cuenta el reportaje del que he partido, poco se espera de la reunión del G8 a este respecto. Espero retórica. Pero el hecho es, continúa el texto, que el año pasado hubo disturbios relacionados con el hambre en unos 30 países "desde Haití a Bangladesh", dice el periódico.
Con razón Dennis Blair, responsable de Inteligencia Nacional en los Estados Unidos, afirmaba ante un comité de su Senado que la mayor amenaza a la seguridad no viene del "terrorismo" sino de la crisis económica.
Pero, todo hay que decirlo, la crisis económica ha tenido un efecto positivo para este tema: los precios han dejado de crecer de la forma notable que había crecido antes de que reventaran la burbujas financiera e inmobiliaria. Y es que también había una burbuja alimentaria jugando en el panorama mundial: los precios se disparaban porque aumentaba la demanda (de los países emergentes, por parte de los productores de biodiésel) y disminuía la oferta (catástrofes, sequías, inundaciones), pero, sobre todo, aumentaban porque eran objeto de una burbuja especulativa. La buena noticia es que esta burbuja reventó, como se ve en el gráfico de la FAO que adjunto. 
Como puede verse, los precios, comparados con 2002-2004 subieron de manera espectacular a partir de finales de 2006 y, sobre todo, durante 2007. Sin embargo, a partir de que la crisis económica se hizo oficial, los precios dejaron de acelerarse y así han seguido hasta el último dato, de enero de 2009.
La mala noticia es que, a pesar de ello, los pobres no tiene cómo acceder a la alimentación básica: el reventón de la burbuja económica les ha afectado más que a nadie.


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