miércoles, 15 de abril de 2009

El tema nuclear

Ahora que los Estados Unidos dicen que puede haber cambio climático, no sé qué va a ser de los que hasta ahora han sido escépticos por obediencia. Sucede que su gobierno reconoce el peligro y, además, pretende ponerse a la cabeza de los que luchan contra dicho probable fenómeno. Será interesante ver qué sucede con los que tanto dudaban y si, de repente, guardan silencio o persisten en las dudas.     
Algo parecido puede suceder ahora con la cuestión nuclear. Quitando los que siempre han sido contrarios a su uso, puede haber ahora una entrada de partidarios de la energía nuclear por los mismos motivos que algunos dudaban sobre el cambio climático: sus jefes ahora apuestan de forma inequívoca por la misma y, encima, como forma de afrontar el cambio climático. Triste cosa es que el tratamiento mediático de asuntos en los que tanto nos jugamos dependa de quién gane las elecciones en los Estados Unidos. Y, debo añadir, lo mismo puede decirse del tratamiento “científico” del asunto. Al fin y al cabo, los fondos para la “investigación” no siempre son dedicados a la búsqueda desinteresada de la verdad sino que, más de una vez, son fondos dedicados a la búsqueda de los argumentos que favorezcan los intereses de los financiadores, sean empresas o gobiernos.   
La semana pasada fue pródiga en sucesos paradójicos. Por un lado, el presidente Obama, en Praga, hacía un llamado a favor de un mundo sin armas nucleares. Por otro lado, el gobierno de Corea del Norte, que había condenado a su pueblo al hambre, se lanzaba a la aventura de un misil que no se sabía si era para colocar un inútil satélite en órbita o para vehicular un arma nuclear que pudiese llegar al Japón o a Alaska y, evidentemente, a Corea del Sur.   La paradoja residía en que los Estados Unidos, junto con Rusia, son los primeros poseedores de armas nucleares del mundo. Estamos hablando de algo más de 4.000 cabezas nucleares por cada uno de ellos. Inútiles porque no queda muy claro para qué pueden servir las 3.000 restantes cuando las 1.000 primeras ya habrían destruido el Planeta. Cierto que Obama venía de hablar con el presidente ruso Medvédev, sobre la necesidad del desarme. Pero no hubiera estado de más que ambos (o uno de ellos) hubiera anunciado la destrucción unilateral de sus armas. Pero de eso, nada.   
La otra parte de la paradoja es que el caso de Corea del Norte hacía ver cómo, de repente, el problema del programa nuclear iraní había dejado de ser objeto de atención... y rápidamente volvió a los titulares: Ahmadineyad saludaba los logros iraníes en la energía (no en el arma) nuclear. La ambigüedad con que se daba la noticia no tiene que ser, necesariamente, debida a que el nuevo gobierno militarista de Israel, por cierto potencia nuclear, con Netanyahu a la cabeza y seguido de Lieberman, está dispuesto a atacar las instalaciones iraníes como ya hicieran en Orisak, Irak, en los 80, y en Siria recientemente. No se descarta, pero lo de Irán más parecía un buena finta iraní y lo de Corea un medio de llamar la atención que un instrumento para la puesta a prueba de sus capacidades nucleares no se sabe muy bien contra quién. Porque tener armas nucleares no es sólo para el ataque inicial sino, sobre todo, para la respuesta a la respuesta que dicho ataque pudiese generar. Un cohete tan poco eficiente como el coreano, que parece cayó a pedazos en el mar, es, a todas luces, inútil como arma militar aunque utilizable como arma propagandística hacia fuera y, también, hacia dentro, con la evidente posibilidad de su manipulación en términos nacionalistas.   
En su discurso en Praga de la semana pasada, el presidente Obama tocaba un punto importante: “Si creemos que la difusión de armas nucleares es inevitable, estamos admitiendo entonces para nosotros mismos que el uso de las armas nucleares es inevitable”. No hace falta decir que el uso de las armas nucleares (por ejemplo entre la India y Pakistán, ambas escaladas bendecidas por los Estados Unidos) podría llevar a serios problemas de supervivencia para la especie humana. Pero lo que dice Obama es que la difusión de esas armas tendría que ser evitable y, añado, empezando por las 4.000 cabezas nucleares de que disponen los Estados Unidos: si creemos que la reducción de armas nucleares de los Estados Unidos es inevitable, estamos admitiendo que su uso es inevitable. Vulnerat omnes, ultima necat: todas hieren, la última mata.

(Publicado hoy en el periódico Información -Alicante-)

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