viernes, 6 de marzo de 2009

Procesillo

Voy leyendo poco a poco El proceso de Kafka. Hoy he leído el capítulo sobre "el tío Leni". Mi caso se encuentra a años luz, porque el mío es curioso y, en todo caso, tiene más luz que los sombríos tintes que tiene la habitación del enfermo, sus visitas y cómo K estropea el intento de su tío de buscarle influencias para que le saquen de la estacada, y lo hace porque se va detrás de las faldas de la enfermera, a la que besará y morderá en el cuello. No es mucho, pero algo es algo.
Resulta que tengo que conseguir mi Historia Laboral, es decir, la constancia que tiene la Seguridad Social española de los trabajos que he tenido a lo largo de mi vida. Como devoto de la secta, lo primero que hice fue ir a internet, a su página, para pedir allí la dicha Historia. No se puede decir que fuese "user friendly", sino que había que ir peleando hasta encontrar la dirección exacta en la que había un punto cliqueable para solicitarlo. Por fin lo encontré, cliqué y.. no pudo ser: salía un mensaje, cuando quería solicitarla, que decía que la página no era "segura", lo cual no dejaba de tener su gracia tratándose de la Seguridad (Social, pero seguridad). Según me dijo después un funcionario, a eso no había que hacerle caso y, efectivamente, no se lo hice, pero la página se quedaba bloqueada y no podía seguir adelante. Al teléfono, pues.
Gran amabilidad al otro lado del hilo. ¿Provincia? La digo ¿Documento nacional de identidad¿ Lo doy. Al otro lado pronuncian mi nombre esperando que yo diga mis apellidos. Lo hago. Y entonces me pregunta mi domicilio. Ah, pobrecillo, el domicilio que consta en el archivo no coincide con el domicilio que yo le doy, así que, amablemente, me dice que lo que tengo que hacer es ir personalmente a la Tesorería de mi provincia porque cuando no hay coincidencia en los domicilios ya no se puede enviar nada. Sea.
Voy a la Tesorería, entro, veo la máquina para tomar número, tomo el número para pedir certificados y me dirijo a información para preguntar dónde tengo que ir. La funcionaria habla por su móvil. Termina. Le digo que dónde tengo que ir para mi Historia Laboral y me dice con gran seguridad y aplomo: "Eso ya no se pide aquí" y me proporciona un papel en el que se da la dirección de internet (la que se me bloqueó) y el teléfono (al que llamé y no pudo ser la cosa). Le digo que eso ya lo he hecho y que hay discrepancias. Entonces me dice que sí que es allí, que vaya "ahí arriba a la derecha" y me pregunta si he cogido número y me pide que se lo enseñe para ver si es el correcto. Es correcto, loado sea Max Weber. 
Me dirijo "arriba a la derecha" ¡y ya me toca! Me pide el documento de identidad, se lo doy, me pregunta mi nuevo número de teléfono y cambia la vieja dirección (vaya usted a saber cuál fue). Saca un papel de la impresora en el que se certifica que yo vivo donde dice mi dni y le añade un papel, que grapa, diciendo que si en diez días no me han enviado la Historia esa, que puedo pasar a recogerla yo mismo. Eso sí, el funcionario, que ha sido amable y eficaz, me dice que si no ha llegado en esos diez días el director tiene la obligación de entregármelo en mano. Me pregunto por qué no me lo dan en mano ya. Pero es es preguntar demasiado.
No es el peor caso que he tenido con la burocracia. En los tiempos del comunismo en en Este tuve dos casos curiosos. Uno fue en la embajada de Polonia en Madrid. Fui a pedir un visado y me preguntaron si era turístico, negocios o académico. Era académico. Bien, pues entonces tenía que presentar la invitación de la Academia Polaca de las Ciencias que, desgraciadamente, me había dejado en mi lugar de residencia que, por suerte, no es en Madrid. Me dijeron que lo sentían. Dije que, entonces, me lo diesen turístico. Pero no, ellos no me lo podían dar turístico porque ya sabían que era académico. Finalmente todo se solucionó, pero no dejaba de ser curioso.
Donde Kafka hubiera disfrutado fue con mis intentos de obtener un billete para el transiberiano sin tener visado: hacía falta el visado para poder comprar el billete. Sin billete no había visado y sin visado no había billete. Me lo explicaron por otro conducto: era una forma de fomentar la compra del billete por Intourist (estatal, por definición) que se encargaba de hacer las dos gestiones a la vez.

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