jueves, 5 de marzo de 2009

Lucha de clases

Un vistazo a los titulares de medios estadounidenses en los que aparece la frase "class warfare" me confirma en lo que pensaba (a veces pasa), a saber: que el temor a la lucha de clases es real y que ese temor se plantea (obviamente sobre algo negativo) incluso cuando, como sucede con Obama, se proponen políticas muy, muy moderadas para ayudar a "los de abajo" para lo cual es necesario subir muy, muy ligeramente la presión fiscal hacia "los de arriba". Se puede imprimir dólares ya que todavía hay demanda internacional y países, como el Ecuador, dolarizados oficialmente mientras otros, casi toda América Latina, lo están informalmente; pero no se puede imprimir sin fin, incluso ocultando los datos sobre la masa monetaria, como se hace en los Estados Unidos. Eso quiere decir que las pequeñas ayudas "a los de abajo" deben encontrar su financiación tomando el dinero de donde esté, a saber, en manos de "los de arriba" que habían vivido una época dorada de Hood Robin (no de Robin Hood, que quitaba el dinero a los ricos para dárselo a los pobres) que comenzó con Reagan y alcanzó su cenit con el segundo Bush: la legislación fiscal fue a favor de los ricos.
El Estado del Bienestar, como un Robin Hood moderado que quería evitar la revolución, se lo inventaron los socialdemócratas europeos y lo aplicaron las derechas europeas en un principio: yo pago más impuestos, con ellos se te dan algunos servicios y tú te contentas con tu suerte y no te montas la revolución. Ni siquiera la de Octubre. Después, en la ofensiva neoliberal, "los de arriba" se echaron atrás: ya no temían a "los de abajo" y pudieron montar la que montaron y sufrimos: la dichosa crisis, uno de cuyos componentes es la extrema desigualdad conseguida. Ahora, en el caso de los Estados Unidos, aparece, por lo menos en el campo retórico, ese reformismo suave que es visto por los ganadores como "class warfare".
De todas formas, me parece que esa lucha de clases a la que se refieren los medios estadounidenses no es de "los de abajo" contra "los de arriba". "Los de abajo" ya no son una clase peligrosa sino una clase asustada. El referente empírico de la supuesta lucha de clases en los Estados Unidos es una pelea interna entre "los de arriba": por un lado, los que quieren seguir practicando su propia lucha de clases (de "los de arriba" contra "los de abajo" en forma de explotación, marginación, opresión e intoxicación ideológica) y, por otro, los egoístas ilustrados que saben que no se puede estirar un resorte indefinidamente sin riesgo de que se rompa y que, para seguir en el machito, creen que hay que dar soguilla, aliviar las tensiones, para poder seguir pescando al pez. No se trata, por parte de estos últimos, de seguir el dicho de Il Gattopardo: "se vogliamo che tutto rimanga come è, bisogna che tutto cambi", si queremos que todo siga igual, hay que cambiarlo todo. Lo que quieren es que todo siga igual y para ello están dispuesto a pequeñas modificaciones. Claro que los que hiperganaban con la anterior situación encuentran detestables incluso esos pequeños cambios y creen que con la policía y las cárceles (uno de cada 31 estadounidense está en la cárcel, más de 7 millones de personas) será suficiente. O que la manipulación ideológica (Hollywood incluido) será suficiente. En último caso, pueden recurrir al neofascismo. Los reformistas, en cambio, temen que la cosa se les pueda ir de las manos. Quién vaya a ganar en esta lucha de clases real (dentro de "los de arriba"), se me escapa. Pero sí sé que de eso van a depender muchas cosas.

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