domingo, 29 de marzo de 2009

Las esencias nacionales

Es comprensible que se recurra a las esencias de la propia nación, pero así no se resuelve nada: cada cual tiene sus propias esencias. En el caso español, los españolistas y los nacionalistas periféricos (nacionalistas vascos y catalanes básicamente) tienen las suyas. Recurrir a una ley hecha por los hombres para legitimar o desletigimar una entidad metafísica como la nación tampoco lleva a mucho. En el caso boliviano, los nacionalistas bolivianos y los nacionalistas de la media luna. Son dos casos dignos de compararse, como ya he hecho otras veces. Un referéndum al margen de la ley vigente pero aduciendo derechos previos a esa ley. Cada cual elegirá lo que más le convenga: los nacionalistas cambas y los nacionalistas vascos saben que sus derechos como nación son inalienables, diga lo que diga la Constitución de rango superior, rango que no reconocen. Los jacobinos de uno y otro país saben que su respectiva nación es el sujeto de la soberanía y, por tanto, que los cargos políticos cambas y vascos los ejercen por la ley que deriva de esa soberanía. En el caso español, el gran argumento para decir que existe la nación española y que es indivisible es que así lo dice la Constitución de 1978. Los nacionalistas vascos niegan la mayor: no existe la nación española sino el Estado español, formado por naciones que tienen el derecho de autodeterminación (lo que, eufemismo al canto, se llama "derecho a decidir"), que es lo que también dicen los cambas.

Aceptemos por un momento ese derecho a decidir. No es fácil ya que no es tan sencillo saber quién es exactamente el que tiene derecho a decidir y con qué porcentaje puede decidir. Pero asumámoslo como no problemático. ¿Qué consecuencias tiene? Pues que Vitoria, ahora, podría plantear, a partir de sus Juntas, separarse del País Vasco que quiere separarse de España ya que ellos, democráticamente, quieren seguir como están. ¿Impensable? Siempre hay un antecedente: Si Kosovo quiere separarse de Serbia, Mitrovica (se pronuncia Mitrovitsa) quiere tener su parlamento separado del de Kosovo, ya que sus serbios no quieren separarse de los otros serbios.

Recurrir a las esencias no ayuda mucho. Todo el mundo recurre a las propias para legitimar sus intereses políticos.Y la invención de nuevos derechos (los lingüísticos, sean individuales o colectivos) tampoco va más allá del banderín de enganche. En la Bélgica europea, hay una protesta de los francófonos por determinadas políticas supuestamente aplicadas por los flamencos entre las que están las de la obligación a rotular los negocios en una de las lenguas (que parece una manipulación a partir de casos concretos) y algunas, locales, más bien curiosas. Al fin y al cabo, los flamencos sienten que sus derechos lingüísticos deben ser defendidos ante la amenaza francófona. Si ahí lo tienen más fácil, donde no hay modo de aclararse es en España con los derechos individuales o colectivos, con la libertad frente a la identidad, con la legítima defensa del castellano o del catalán y así sucesivamente.

Son caminos que no conducen a nada y, si lo hacen, lo suelen hacer mediante la imposición de unos sobre la voluntad de otros. Y si, como sucede en el caso vasco, su parlamento (como su sociedad) está dividida fifty-fifty, el recurso a las esencias es perfectamente inútil. El caso de las lenguas tendría que ser una cuestión más pragmática y menos esencialista. Y reconocer que la mayoría de materiales que uno encuentra en internet están en inglés (los que enlazo hoy, para cambiar, están en francés). El problema es otro. Y para las naciones dejarse de mandangas que ocultan otros intereses (bastante espúreos en el "media luna" boliviana y de política a corto plazo en el caso vasco) y plantear con claridad la cuestión de que se trata: del poder por parte de una clase política dividida y no demasiado preocupada por el "pueblo" (o la "nación") de la que tanto hablan.

En el caso vasco, las tácticas son visibles: el PNV quiere ser el mediador entre ETA y los nacionalistas españoles vascos; el PSE quiere ser el mediador entre los nacionalistas vascos (ETA y PNV) y los nacionalistas españolistas propios y de Madrid (el PP). ¿Por qué? Porque quieren ganar las próximas elecciones locales. ETA queda en su sitio de siempre: violencia terrorista. Y el PP intenta recomponer sus posibilidades de lograr el poder en el gobierno central reduciendo sus pasados excesos españolistas que tantos votos les han costado en las últimas elecciones generales en las comunidades autónomas vasca y catalana. Sólo ETA sigue apegada a sus esencias de las que se creen los únicos auténticos representantes. Inútilmente. Son los únicos que es evidente que no pueden ganar, es decir, lograr sus objetivos declarados de una Euskal Herria (con Navarra y los departamentos vasco-franceses) libre y socialista. Tal vez por eso sólo les queda la violencia, que es la mayor expresión de su fracaso.

(Importado de mi antiguo blog, donde lo colgué el 28 de junio de 2008, y de donde lo bajo ahora por sucesivos ataques de spam vende-viagra)

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