martes, 24 de marzo de 2009

Kosovo

Hoy hace diez años que comenzó el bombardeo (injustificado desde muchos puntos de vista, uno de ellos aquí) contra Kosovo entonces Serbia, antes Yugoslavia. Se castigaba de esta forma la desobediencia de Milosevic que no había querido aceptar que su país fuese ocupado por fuerzas extranjeras como se anunciaba en los acuerdos de Rambouillet. Los mafiosos no toleran la desobediencia y Milosevic fue castigado.
La cosa ha seguido (los bloques tectónicos de Alemania y Rusia vuelven a chocar en el mismo sitio, en un nuevo ejercicio de "longue durée" à la Ferdinand Braudel) y, recientemente, Kosovo declaró unilateralmente su independencia. España no ha aceptado esa posibilidad como si aceptar un principio supusiese que hay que aplicarlo. Es decir, el gobierno español teme que si acepta el principio de que los políticos de un territorio pueden declarar unilateralmente su independencia, los políticos catalanes y los vascos (por ese orden) podrían hacer lo mismo.
No tiene mucho sentido. Los principios, en el sistema mundial, suelen ser decorativos y sólo se aplican contra los enemigos. "Los de arriba" se reservan el derecho de hacer con ellos lo que les dé la gana, incluyendo el cambiarlos cuando les convenga (en buen marxista -línea Groucho-, "estos son mis principios; si no le gustan, tengo otros"). Pero ésa es la razón que ha dado la ministra de defensa española para sacar las tropas que, bajo mando de la OTAN, se encuentran en Kosovo.
El asunto ha levantado notable polvareda en los medios hablados y escritos españoles (quiero decir publicados en España, aunque la propiedad de algunos sea sólo relativamente española) y la oposición del Partido Popular lo ha usado para hacer ver la poca fiabilidad del goberno español y su pérdida de prestigio a escala mundial.
Lo del prestigio es demasiado complicado para mí y no sé para qué sirve, excepto para la hidalguía y la pureza de sangre de los cristianos viejos, y lo de la descoordinación es suficientemente evidente como para insistir (Rodríguez Zapatero cada vez tiene más cruda la reelección). Pero lo que me ha interesado del asunto, como "el perro que no ladró" a Sherlock Holmes, es lo que se da por supuesto: Uno, que es un asunto de los Estados Unidos y sólo secundariamente de una alianza supuestamente multilateral llamada OTAN y, dos, que "el que manda, manda" y, por tanto, hay que rendirle pleitesía y no enojarle. La tarea de la rémora, del pececillo que nada bajo el tiburón es aprovecharse de los despojos que caen de la boca de éste, no la de cuestionar su hegemonía.
Los opinadores españoles dan, como parte de la realidad incuestionable (como que el Sol sale por oriente), que el liderazgo de los Estados Unidos ES y no discuten si DEBE SER. Está bien. La vita è così. Realismo, aunque a veces parezca realismo mágico.

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