jueves, 19 de marzo de 2009

Dudar para saber

Dubitando quippe ad inquisitionem uenimus; inquirendo ueritatem percipimus.

Y, antes,

Haec quippe prima sapientiae clauis definitur assidua scilicet seu frequens interrogatio.

(Pierre Abélard, Sic et non, 1120)

El bueno de Abelardo creía que se podía llegar a la verdad de las cosas (que eso es la sabiduría) preguntándose frecuentemente sobre ellas y dudando siempre. La duda, decía, llevaba a la búsqueda y sólo buscando podemos percibir la verdad.

Popper añade algo preocupante: la ciencia no consiste en establecer lo que es verdadero, sino es conocer lo que todavía no se ha demostrado que sea falso. Lo que conocemos como verdadero es provisionalmente no-falso, de ahí la necesidad de estar dudando continuamente y de exponer con claridad bajo qué condiciones lo que uno dice dejaría de ser verdadero (porque sólo es provisional). Ciencia no es fe, pero tiene elementos en común. La diferencia está en que la fe es para siempre, mientras que la ciencia no.
Otra cosa que me gusta de Abelardo es su nominalismo: los conceptos que usamos no son cosas, sino instrumentos que utilizamos para relacionarnos con el mundo.

Pongámoslo con peras y manzanas. Se suele oír o leer: “La globalización es tal o cual cosa”. El que dice eso está convencido de que la palabra globalización sólo tiene un sentido: el que le da el que lo dice. Eso es autoritarismo del tipo Humpty Dumpty en “A través del espejo”: lo que importaría es tener poder para que las palabras significaran una cosa u otra. Nadie tiene esa autoridad, aunque muchos trabajan por tenerla (y muchos trabajamos por defendernos de ese autoritarismo). “Globalización” es una palabra que usamos para denominar determinados fenómenos materiales, pero tiene tantos significados que es inútil proseguir una discusión sin saber a cuál de ellos se está refiriendo el que tal cosa pronuncia. Pasa lo mismo con pueblo, nación, clase…

Si para las cosas materiales el asunto puede ser claro, mucho más lo tendría que ser para las cosas políticas, económicas, sociales, hechas por los hombres y en las que el humano deja sus huellas de falsedad y engaño. “Globalización”, en efecto, fue un banderín de enganche, en tiempos de Bill Clinton, para mover a los países periféricos a hacer las cosas que convenían a los países centrales y, en particular, al país hegemónico. Después, acabado aquel banderín con la llegada de los neoconservadores, “globalización neoliberal” se ha convertido en un banderían de enganche, en tiempos de George W. Bush, para mover a hablar a personas de clases medias de los países centrales (y algunas de la periferia), pero sin que se sepa bien qué tipo de comportamiento (más allá del verbal) tendría que acompañar a la palabra.

El realismo (las palabras son cosas) no es un buen principio que lleve a mejor conocimiento. El nominalismo (nomina nuda tenemos, como termina El nombre de la rosa) parece mejor principio metodológico porque se asocia mejor con la duda metódica.

Todo esto, hay que repetirlo, para los preocupados por comprender la realidad. Los que creen que pueden cambiarla (a recordar la Tesis 11 sobre Feuerbach) pueden obviar las dudas y el nominalismo sólo si tienen poder para cambiarla. Si fuese así, si tienen poder, no hay duda que valga y la palabra significa lo que dice el que manda. Pero los que no tenemos poder, ni nos interesa lo más mínimo tenerlo, no nos queda más remedio que buscar, dudar, buscar, dudar y, para buscar, usar palabras de las que dudamos.

(Comencé por el latinajo para disuadir al lector de periódicos -como yo- de que siguiese leyendo. Si hubiese buscado lectores ávidos, me habría dedicado a contar chismes de “aquí hay tomate” sobre Abelardo y Eloísa y cómo quedaron los órganos sexuales del primero por culpa de su relación íntima con la segunda, que había sido su alumna: cortados por orden de Fulberto, un tío furibundo por el embarazo de la sobrina y el posterior nacimiento de Astrolabio y, seguro, por algún que otro asuntillo más que contaré después de la publicidad)

(Importado de mi antiguo blog, en donde lo he borrado harto de que me entrara correo basura. Lo escribí el 16 de diciembre de 2007)

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