lunes, 30 de marzo de 2009

Darwin y Kropotkin

Lucha por la existencia y ayuda mutua son elementos que se han solido oponer como se oponían entre sí los autores que habrían hablado, respectivamente, de ello. Darwin habría sido el padre de la supervivencia del más apto en la selección natural y, trasladado al darvinismo social, habría sido el legitimador biológico de la hiper-competencia en nuestras sociedades, caiga quien caiga y bajo el lema de "todo vale". Hasta habría una lectura darvinista de Adam Smith, haciendo ver que el mercado es una forma de selección natural que hace vencer al más apto en la lucha por el beneficio. 
Al otro lado, tendríamos a Kropotkin, y su "Apoyo mutuo, factor de evolución", padre de la solidaridad intra-especie como factor necesario para la evolución. Trasladado a la vida social, Kropotkin sería uno de los portaestandartes del pensamiento libertario, anarquista en el mejor sentido de la palabra.
¿Se oponen? Ellos no.
Kropotkin, en la "Ayuda mutua", cita varias veces a Darwin y su "Origen de las especies" para decir que tiene razón, que hay lucha por la existencia, pero que la evolución no sería posible sin el apoyo mutuo dentro de las especies.
Darwin, en "La descendencia del hombre" , cita a Kropotkin otras tantas veces para decir que tiene razón, que hay ayuda mutua y hay lucha por la existencia.
Total, ninguno de ellos niega lo que dice el otro y creo que ahí radica el meollo de la cuestión: ambos tienen razón mientras no nieguen el argumento del contrario.
Nuestras sociedades parecen tener un "termostato" social que hace que los excesos en una u otra dimensión sean corregidos de diversas formas: o exaltando el contrario (a veces haciendo como que se niega el propio) o repartiendo ambos principios en campos diferentes de la actividad social, unos más competitivos (necesarios como desafío o acicate para la acción), otros más solidarios (necesarios como apoyo, punto de partida o colchón de seguridad). Cada uno de ellos actúa como colchón de seguridad contra los excesos del otro: el exceso de competencia es autodestructivo (lo hemos visto en estos últimos años, desde que Reagan dijo que ya bastaba de aquello de "no pienses qué puede hacer tu país por ti, piensa qué puedes hacer tú por tu país" y que había que sustituirlo por "piensa qué puedes hacer tú por y para ti mismo"). Pero el exceso solidario es un analgésico que lleva a la inacción y a la falta de motivación (no digo que sea el caso de Cuba, que si no me corren).
Darwin fue un genio. Kropotkin también. Pero una moneda tiene dos caras. ¿Dos? Falso. El canto, como lado de un cilindro, tiene infinitos puntos y, si es así, ver las cosas como darwinista o sólo como kropotnikiano es condenarse al simplismo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario