lunes, 2 de febrero de 2009

Un Planeta hecho mundial

(Lo publiqué en mi antiguo blog. Lo borro de allí y lo traslado aquí porque allí está siendo objeto de entradas continuadas de spam)
La que fuera casa de Hernán Cortés en Cuernavaca, México, hoy convertida en museo tras algunas modificaciones exigidas por tal propósito, contiene un panel que resulta interesante aunque incompleto. 
Es interesante porque muestra los intercambios que se produjeron con la Conquista en términos de animales y plantas. Los que fueron allí (el caballo ante todo, como arma de destrucción masiva junto a la pólvora) y los que vinieron de allí como la patata o el tomate, por ejemplo, cosa que hace que la llamada “tortilla española” sea un plato mucho más tardío de lo que los españolistas estarían dispuestos a aceptar y el pan con tomate sería menos catalán clásico de lo que los primordialistas están dispuestos a reconocer.
El conejo, puesto de actualidad estas navidades en España, es un caso curioso: en quechua se llama “Castilla qowi” (conejo de Castilla) a lo que en España se llama “conejo”, mientras que llaman “qowi” (conejo) a lo que en España se llama “conejillo de Indias”, el delicioso cui que se come en los Andes, aunque hay que reconocer que hay gentes del lugar que se resisten a ello o que, por lo menos, exigen que se le corten la cabeza y las extremidades para no ser ofendidos por la imagen de esos dientes roedores y esas uñas afiladas cuando se presentan convenientemente asados y abiertos en canal.
También están en el panel de Cuernavaca los productos que de América fueron a Asia y los que de Asia fueron a América, asunto este último que hacía titubear a la guía que nos acompañó en la visita. El caso era (es) que hay unos frescos de Diego Rivera que adornan una de las balconadas pintados “de derecha a izquierda como suelen los estalinistas”, según la susodicha guía, aunque no me atreví a indagar sobre qué quería decir con eso de los estalinistas. 
Según decía la licenciada, hay un par de errores históricos que consideraba garrafales. Por un lado, pintar a Zapata con el traje blanco propio de algunos indígenas: a lo que parece, Zapata nunca lo utilizó, pero eso puede considerarse una licencia artística. El Zapata que pinta Rivera está acompañado de su caballo blanco y lleva una hoz en su mano derecha. En nada coincide con las fotografías del líder de la Revolución que también pueden verse en aquel museo. Lo que, por otro lado, la guía consideraba menos perdonable es que, contra toda evidencia histórica y, encima, en dos ocasiones a lo largo del fresco, el pintor situara algunas papayas en la época pre-hispánica, siendo así que la papaya llegó de Asia después de la Conquista y traída por los españoles.
El panel, de todas maneras, es incompleto porque no incluye los microbios que se intercambiaron ambos pueblos (conquistadores y conquistados) en el encuentro no siempre violento. Es el caso, por ejemplo, de la sífilis, que los españoles regalaron a las indígenas. Masculino y femenino, porque, a diferencia de la conquista anglosajona del Norte, aquí llegaban sobre todo varones con lo que el mestizaje iba a ser más probable, empezando por la Malinche que hizo de traductora de Cortés y, ya puesta, le dio descendencia, cosa que hace que, para muchos mexicanos, malinche sea sinónimo de traidor, esquirol o vendido al enemigo: no es, en todo caso, una palabra con connotaciones positivas. 
Otros intercambios fueron peores, pues no medió placer: los españoles llevaron la viruela y fue más mortífera que las encomiendas, los trabajos forzados en las minas (por ejemplo en San Luis de Potosí en México o en Potosí de Bolivia) o los enfrentamientos armados en su conjunto.
De alguna forma, el mundo entonces ya fue uno, que es lo que ahora algunos llaman globalización, aunque se discute qué significa exactamente tan oscuro término que, en todo caso, se refiere a procesos que comenzaron hace siglos. Eurasia había sido un único sistema durante milenios (tal vez 5.000 años), sólo que mientras Europa se encontraba en sus etapas más oscuras, ignorantes e intransigentes, la China y los Califatos estaban en su esplendor con avances tecnológicos que tardaron en llegar a Europa adelantándose a los europeos. La pólvora, la brújula o la imprenta con caracteres móviles se inventaron en la China mucho antes que los europeos las “inventaran” y, aunque en Italia pocos están dispuestos a reconocerlo, es más que probable que los espaguetis los trajera Marco Polo de su visita al Kublai Kan. 
Poco hubiera dado de sí la “cultura europea” si los musulmanes (esos que todavía no le han pedido perdón personalmente a José María Aznar por haber invadido la Península) y que no eran todos árabes, no hubiesen traído las matemáticas, la astronomía, la medicina o la filosofía ¡griega! (eso sí, Aznar todavía no ha pedido perdón por haber invadido Iraq, fruto de su supuesta ignorancia como ahora reconoce). 
El museo de la Calahorra, en Córdoba, levanta acta de los aportes musulmanes a la cultura europea aunque tal vez sea un poco exagerado, no en vano el espíritu del ex-comunista Roger Garaudy planea sobre el museo. América y el resto fueron, si se quiere, dos mundos separados, relativamente bien trabados en su interior por redes de comercio e intercambio de ideas y de arte. Como bien mostraron los volúmenes de las Mitológicas de Lévi-Strauss, los mitos amerindios están mucho más emparentados de lo que el “perpetuo” aislamiento podría hacer creer. 
En términos planetarios, la colonización inicial de América es relativamente tardía y se produjo, básicamente, de Norte a Sur sin excluir visitas tanto desde Oriente como de Ocidente (dichos los términos cardinales en función de América: su Oriente habría sido África y los nórdicos y su Occidente habría sido Asia). 
Unos y otros habían tenido sus imperios y sus luchas fratricidas dentro de cada uno de ellos y de esas luchas se aprovecharon los españoles cuando hicieron su conquista tanto del imperio azteca como del inca.Cuando ambos bloques se “encontraron” formaron un solo sistema en el que vivimos desde hace 500 años. Todos dieron y todos recibieron, incluso cuando unos se declararon superiores para poder legitimar sus tropelías contra los supuestos inferiores, como se vió en la disputa de Valladolid y las posiciones de Ginés de Sepúlveda.
La historia de la humanidad había sido la historia de sus mestizajes, hasta que llegaron los culturalistas, codificaron las culturas y las enseñaron como propias y separadas de las demás. Y en esas estamos: habiendo una única civilización (la humana), seguimos discutiendo sobre si las civilizaciones chocan, tienen alianzas o sufren la indiferencia de la ignorancia o los ardores de la mitificación.

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