lunes, 16 de febrero de 2009

Self-reliance

También ujamaa (tiene nombre chino, pero hasta ellos lo han olvidado). Confiar en las propias fuerzas era una estrategia para promover el bienestar de un país y se proponía hace un cuarto de siglo. Nada de "sustitución de importaciones", "crecimiento con equidad" ni los implícitos reconocimientos de la derrota que fueron la "perspectiva de género", la "democracia", la "gobernabilidad" o la "sustentabilidad / sostenibilidad" (curiosamente, en castellano no se usa la misma palabra a un lado y otro del Atlántico, en esa lengua común que les divide).
Antes de que, con el auge del neoliberalismo ("menos Estado, más mercado"), el país dejase de ser una unidad de análisis e intervención para el llamado "desarrollo", esas eran las cosas que se discutían. Cuando desaparece el Estado como activista en esos procesos, tenemos "cooperación", "ayuda al desarrollo" o, en concreto, "proyectos", la dictadura del proyectorado como ha titulado Rodríguez-Carmona su excelente libro sobre Bolivia.
No hace falta decir que, con la crisis, el Estado ha vuelto a donde había estado. De hecho, ya había indicaciones en esa dirección desde los años 90. Pero ahora resulta difícil negar que los gobiernos tienen que intervenir el mercado aunque no sea más que para salvar el mercado (Bush II dixit).
Hay dos extremos opuestos a la "confianza en las propias fuerzas" y ambos nos han llevado a donde estamos. Por un lado, confiar todo en las exportaciones. Ha sido el caso de la China y, cuando aquellas se han reducido, ésta podría venirse abajo y con cierta rapidez. El otro ha sido la madre de todas las crisis: un país que ha creído que podía pedir prestado indefinidamente al resto del mundo, los Estados Unidos, generando la espectacular deuda, convertida a su vez en mercancía que incluía algunos productos tóxicos, como es bien sabido. Esta combinación de excesos de confianza en las fuerzas de los demás, y no en las propias fuerzas, nos ha traído a donde estamos. No es idea mía: es alegato pronunciado por Vladimir Putin en el encuentro de Davos del mes pasado. Un país imprime la moneda que le da la gana mientras se la pidan los demás países (incluyendo a los dolarizados totalmente como el Ecuador y a los dolarizados informalmente como el resto de América Latina) y otro país exporta de todo... e importa bonos del tesoro de los Estados Unidos. Mala barraca.
¿Se puede salir con self-reliance? Lo que sí parece es que cuanta más confianza práctica en las propias fuerzas, más probabilidad hay de capear el temporal. En todo caso, la globalización, desde ese punto de vista, ha muerto.

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