domingo, 15 de febrero de 2009

Poco importa el referéndum en Venezuela

Parece como si lo de Luis Herrero, expulsado de Venezuela, fuese importante. No lo es, visto lo que dice la prensa de oposición en dicho país. Pero es que incluso el referéndum no es tan importante. A estas horas, no sé quién ha ganado, aunque mi impresión es que ganará el NO, por tan poco como podría ganar el SÍ. Tanto da. El que un líder pueda seguir en el cargo como en España, Italia, Alemania, Francia, Inglaterra, Holanda, Bélgica, no es lo importante. O que tenga sólo un mandato para repetir, al estilo estadounidense. O que no pueda repetir bajo ninguna hipótesis, como sucede en México. Ésa no es la cuestión. El asunto es más estructural y menos anecdótico.
El referéndum en Venezuela es sobre el funcionamiento de un sistema que ahora está haciendo aguas debido al precio del petróleo y al aumento de la inflación y, en concreto, al aumento de los precios de los alimentos (que es lo que, en los presupuestos de las familias más necesitadas, tiene mayor peso y son las que, en teoría, podrían votar según la línea del PSUV).  Esa es mi razón para pensar que ganará el NO, porque lo que se discute no es si el líder puede seguir o no indefinidamente, según los diferentes modelos citados, sino si la gente está contenta con lo que allí sucede. 
Lo del petróleo, obvio, influye también en el peso que el gobierno de Venezuela quiere tener en el Continente y que el del Brasil, que también tiene sus planes de potencia regional, no está dispuesto a favorecer.
Cierto que los indicadores sociales hacen pensar en una mejora notable de la situación de "los de abajo". Pobreza, sanidad, educación, servicios básicos. Pero la gente no reacciona ante ese tipo de datos sino ante lo más inmediato. Ya pasó con el anterior referéndum que también perdió el oficialismo: en las tiendas había güisqui pero no había leche y lo primero es para ricos y lo segundo para pobres. Los pobres, beneficiarios del chavismo, castigaron al chavismo. Y ahora hasta el Christian Science Monitor se pregunta si los pobres votarán por Chávez.
Por supuesto, hago estas afirmaciones y mañana me las tragaré si hace falta. 
Algún muy querido amigo, diputado chavista, ha tenido una encendida intervención en el Congreso defendiendo el SÍ. Amigo de Platón, pero más amigo de la verdad. El SÍ (o el NO) no van a cambiar los datos más crudos y no hace falta ser marxista (aunque sea "del siglo XXI"), para reconocer que esa superestructura no hace desaparecer la tiranía de la infraestructura: que el gobierno ya no tiene el dinero que tenía y que se les ha escapado de las manos la economía, con el agravante de que esta vez no puede decir que es culpa de la oposición que dificulta el abastecimiento de leche. Las economías extractivistas no son una solución ni a corto plazo. 

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