sábado, 21 de febrero de 2009

Nacionalizar la Banca

Un antiguo alumno, muy metido en el mundo financiero y nada sospechoso de veleidades izquierdistas, me lo dijo rápidamente: "Llámame y te explicaré por qué la única solución va a ser nacionalizar la Banca". Se refería a España. No le he llamado, entre otras razones porque he perdido su teléfono. Pero encuentro que es lo que una serie de autores estadounidenses, bastante heterogéneos ideológicamente y algunos de reconocido prestigio, están proponiendo para su país, hartos de la política de Bush, seguida por Obama, de socializar las pérdidas y privatizar las ganancias. ¿Dinero de los contribuyentes para asegurar los sueldazos y los beneficios privados? No, gracias. El argumento se repite y ahí va una lista de opiniones favorables a la nacionalización y, por tanto, contrarias a lo que su gobierno se está proponiendo:
Paul Krugman, en el New York Times.
Joseph Stiglitz, para la Deutsche Welle
Naomi Klein, en el Urban Coster
Nouriel Roubini, en Forbes (¡sic!)
Nassim Taleb, para Reuters
Por si falla la memoria, los dos primeros son premios Nobel de Economía, la tercera es una activista y los dos últimos son expertos en gestión empresarial y financiera y de los que avisaron de la que se nos venía encima. Que el miedo a la nacionalización sacuda a los propietarios, es visible. Por lo visto, ellos se creen más el argumento de autoridad que yo: la lista de equivocaciones en boca de grandes expertos puede compararse a la mía propia, que no soy experto. Ya reproduje aquí la lista que había hecho Foreign Policy. 
Porque, en general, una cosa es decir cómo están las cosas (que están mal, eso no se duda y el primero en decirlo es Soros) y otra muy diferente decir lo que habría que hacer. Para nuestra desgracia, carecemos de mapas para movernos en estas "procelosas" aguas y las recetas sólo se sabe si funcionan una vez aplicadas. Pera mayor desgracia, como nadie se baña dos veces en el mismo río, las recetas que funcionaron en otro tiempo o lugar no tienen por qué funcionar ahora y aquí. Porque, ya para rematarlo, en un mundo desigual y polarizado, lo que "habría que hacer" dependerá de a favor de quién se haga. No hay, pues, recetas, ni recetas generales, ni recetas interclasistas. Mi dispiace, la vita è così; non la ho inventato io.

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