miércoles, 18 de febrero de 2009

Moderno y postcolonial

Por suerte la manía de usar la palabra modernidad (y post-modernidad) se está apagando, y habría que preguntarse por qué. Pero también habría que preguntarse por qué se usó tanto. Octavio Paz, en su discurso del Nobel en 1990 lo decía:
¿Qué es la modernidad? Ante todo, es un término equívoco: hay tantas modernidades como sociedades. Cada una tiene la suya. Su significado es incierto y arbitrario, como el del período que la precede, la Edad Media. Si somos modernos frente al medievo, ¿seremos acaso la Edad Media de una futura modernidad? Un nombre que cambia con el tiempo, ¿es un verdadero nombre? La modernidad es una palabra en busca de su significado: ¿es una idea, un espejismo o un momento de la historia? ¿Somos hijos de la modernidad o ella es nuestra creación? Nadie lo sabe a ciencia cierta.
Efectivamente, hay tantas modernidades como sociedades y pretender que LA modernidad es la nuestra sólo tiene un nombre: etnocentrismo. Y cuando lo oigo o leo en textos de colegas sociólogos me doy cuenta de hasta qué punto es etnocéntrica la sociología que cree que sus ideas de clases sociales (las marxistas) o de estratos sociales (de la sociología estadounidense) se aplican a las sociedades latinoamericanas o se intentaban aplicar a las sociedades africanas antes de su conquista. El estudio de las sociedades latinoamericanas ha tenido que superar el etnocentrismo de las distintas corrientes que la han colonizado, incluyendo la post-modernista. La complicada relación entre poder, privilegio, prestigio y antepasados que se observa en las sociedades andinas no permite aplicar sin más las teorías etnocéntricas nacidas de "la modernidad".
También fue curioso pensar que la sociología de la comunicación sirve para todo el mundo. De hecho, a los japoneses les costó un montón de malentendidos sobre su propia realidad el dar por buenas las teorías importadas de los Estados Unidos.
Y así sucesivamente.
Pero todavía más curioso es cuando pasamos de ese origen "moderno" de estas ciencias sociales a la exaltación de los estudios post-coloniales. Con muy buen sentido, someten a revisión los conceptos aportados por los ocupantes (los "colonos") sean en África o en América. Y se habla de la colonialidad del poder y la colonialidad del saber. Pero, para mi gusto, tiene dos pequeños defectos: no reconoce las colonialidades previas a las colonias europeas y no reconoce la colonialidad producida después de las independencias.
La colonialidad previa tendría que ser obvia: hay pueblos originarios en el Ecuador que están allí porque fueron objeto de desplazamientos forzosos (mitimaes) por parte de los Incas que, además, impusieron la lengua (de ahí las diferencias en el quechua del norte y del sur, resultado de las respectivas infraestructuras lingüísticas sobre las que se impone la lengua oficial del imperio) y aquellos elementos de la religión que servían de legitimación del poder y la extracción de impuestos por parte de los gobernantes centralistas. 
La colonialidad posterior es menos visible, pero no menos real. Se ha intentado llevar a cabo mediante las ciencias sociales. Eso fue el Proyecto Camelot en la América Latina de los años 60: una planificación de la penetración ideológico-cultural de las universidades latinoamericanas a través de las ciencias sociales del centro, es decir, de los Estados Unidos. Y no deja de ser curioso que el post-modernismo, aunque originado en Europa, haya llegado a América Latina a través de los Estados Unidos. En cambio, los estudios post-coloniales tienen una andadura más complicada ya que su origen puede fijarse en la periferia pero, de nuevo, su gran expansión viene a través de universidades estadounidenses.
Hacer de la identidad el centro de una investigación y olvidar los elementos de desigualdad y heterogeneidad interna puede llevar a engaños no sé si voluntarios o malintencionados: por ejemplo, negar la desigualdad interna de los grupos identitarios (pueblos originarios, por ejemplo), puede impedir solucionar el problema real de dichos pueblos que, sin duda, tiene que ver con la opresión externa y las colonialidades que subsisten, pero que también tiene que ver con la desigualdad interna que hace que también ahí se produzca el "reparto del león".
Tal vez sean cosas demasiado abstractas. Pero hay quien hace una carrera basándose en ellas y, además, con esa peculiaridad de las ciencias sociales: el que se inventa una palabrita, ya puede vivir toda la vida de ella. Y peor para la realidad (social, por supuesto).

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