jueves, 26 de febrero de 2009

Juicio de intenciones

Hace unos días cité un texto de George Soros en el que se despachaba a gusto sobre lo mal que se iban a poner las cosas, que lo peor estaba por llegar y que esto va en serio. Ni una crisis como la del Japón en los años 90, ni una crisis como la Gran Depresión de 1929, sino algo mucho más grande y peor y de consecuencias insospechables. Está muy feo hacer juicios de intenciones, pero no puedo menos que especular sobre las razones que puede tener un personaje como Soros para hacer unas predicciones como esas. Se me ocurren tres razones, aunque, a estas alturas, no voy a juzgar a Soros por que yo suponga que sea una u otra. 
La primera razón es la del ego satisfecho: ya lo dije yo. Efectivamente, Soros venía haciendo predicciones por lo menos desde hace dos años sobre las pésimas consecuencias que iban a tener las diferentes burbujas que se interconectaban: la inmobiliaria en algunos países (Estados Unidos primero, pero también en España), la financiera (anglosajona y, de ahí, a muchas otras partes) y la económica. Ahora hay gente que recurre al "ya lo dije yo", pero Soros lo puede probar. Fue él el que escribió La crisis del capitalismo global que en España se publicó en 1999.
La segunda razón podría ser que ha olvidado lo que dijo en ése y otros textos sobre la reflexividad. Con esa palabreja, Soros se refiere al carácter tan peculiar que tiene la economía real y que la hace tan diferente de los modelos lineales de muchos económetras: lo que se dice sobre la economía, y más si es de quienes tienen autoridad o poder sobre ella, forma parte de la economía al mismo nivel, si no a mayor, que los llamados "fundamentals", lo básico de la economía (producción, abastecimiento, consumo y todo eso). Algo debe de saber sobre eso cuando fue Soros el que, en una operación especulativa genial y que le hizo rico, consiguió sacar a la libra esterlina del Sistema Monetario Europeo de aquel tiempo. Cierto que otras veces fracasó (contra el rublo, por ejemplo), pero eso no quita para que sepa que lo que dice una persona como él afecta a la economía de la misma forma que pueden afectar las malas cosechas en muchas partes del mundo, su impacto en los precios y en los problemas sociales de muchos países y, también, e indirectamente, en los combustibles. 
Así que hay una tercera razón si se abandona la primera y no se tiene en cuenta la segunda: aviesas intenciones. Sabiendo de la reflexividad, y lo sabe, si dice eso y no es por narcisismo ni por olvido pre-senil, tiene que ser por algo más. Y conociendo su trayectoria, habría que saber que no da puntada sin hilo. Daurigota, que, en esperanto, quiere decir "continuará".

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