domingo, 22 de febrero de 2009

Ironías

He comido con dos amigos que estoy seguro no leen el blog, así que puedo hablar bien de ellos. Les aprecio a los dos y les tengo un gran respeto intelectual hacia los dos. Uno es sacerdote católico, el otro es un colega, de tradición luterana, pero sin religión conocida, tal vez ateo o, por lo menos, agnóstico. Hasta ahí, nada de particular. Lo irónico ha sido que, ante el papel de las religiones en las violencias, han tenido posiciones contrarias.
Uno decía que la religión suele ser un pretexto, que lo que hay que ver es de qué se trata realmente. Y ha contado con todo lujo de detalles un caso en la India en el que el ataque contra católicos no estaba motivado por su conversión (y más en contextos de fundamentalismo hindú) sino que lo que había realmente era un problema económico, de tenencia de tierras que los dalits podían conseguir cambiando de estatus en una sociedad como la india.
El otro decía que para entender muchas violencias, hay que ver qué tipo de religión hay, eso sí, en su versión dura y su versión blanda. Para él, las religiones vienen en esas dos versiones (digamos, para los cristianos, Urbano II, el racista que clama por la guerra santa, y el mínimo y dulce Francisco de Asís, ambos cristianos romanos y bien diferentes en su actitud ante la violencia, belicoso el primero -cruzado al fin y al cabo-, pacifista avant la lettre el segundo). En general, las religiones, en su versión dura, tienden a la violencia porque son intransigentes, tienen una idea de la realidad en la que el Mal está presente, puede aparecer en cualquier momento y hay que prepararse para afrontarlo. 
Como habrá comprendido el paciente lector, el primero es el sacerdote y el segundo el colega.
¿Qué pienso yo? Que no hay una regla general (no creo que existan "leyes sociales") y que hay que hacer análisis concretos de situaciones concretas y ver si la religión juega el papel que los medios le atribuyen cuando no entienden lo que está sucediendo o más bien oculta otros fenómenos más importantes que son los que hay que abordar. Por supuesto, reconocerá el jesuita, que hay que promover las versiones blandas, dialogantes, suaves de las religiones, que no es exactamente lo que parece estar promoviendo Ratzinger, dicho sea de paso. Pero también hay que ver qué papel juega la desigualdad, la pobreza, la competencia extrema, la frustración, la insatisfacción, la inseguridad.
Si alguna violencia me preocupa (y no sólo a mi, sino también al nuevo director de la CIA, Panetta, a Dennis Blair el nuevo jefe de inteligencia, y a algunos informes del Strategic Studies Institute -gubernamental estadounidense-) no es la que se puede derivar de los fundamentalismos (musulmán, de los cristianos sionistas, de los sionistas tout court o el  hindú) sino la violencia que va a provocar la depresión económica. Porque no hay preparación para afrontarla.

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