viernes, 20 de febrero de 2009

Generalista

Entre clase y clase, esta semana que he estado fuera de mi pueblo habitual y he estado dando clases en un pueblo algo más grande pero igualmente pueblo, una estudiante, rusa por más señas, se me acercó para preguntarme algunas cuestiones sobre bibliografía y esas cosas que los ya graduados suelen preguntar al tipo que aterriza en el curso desde el espacio esterior. Le contesté que no tenía ni idea, lo cual era verdad, y no pudo reprimirse y me preguntó a su vez en qué era yo especialista. Le dije de nuevo la verdad: en nada. Cada vez sé menos detalles sobre más asuntos así que mi futuro es claro: al final no sabré nada sobre todo. Pero es que lo que me interesa es el conjunto. Entre el callejero (importante para encontrar una dirección) y el mapamundi, elijo el mapamundi. Cierto que, en este caso, se pierde muchísima información, pero se tiene una visión de conjunto. Por supuesto que tiene sus limitaciones. Mi director de tesis me decía que el riesgo de hablar de lo general es que se acaba diciendo generalidades. Sigue teniendo razón. Es un riesgo. Pero no puedo evitar el gusto por procurar ver los grandes volúmenes antes que los pequeños detalles.
Paseando después con una amiga, ella hacia su casa y yo hacia el hotel, volvió a salir el tema: hay asuntos sobre los que sé por encima de la media, pero no hacen de mí un especialista en el asunto. Claro que conozco cosas de Bolivia o del Ecuador o de México o de Italia, pero no me hacen un experto en tales países (y menos en el país cuyo pasaporte llevo). Pero hay que ser cauto en lo que se dice para que no suceda lo que otro amigo me acaba de comentar por correo electrónico a propósito de los "post-coloniales" estadounidenses: que no conocen bien aquello de lo que hablan.
Saber demasiado como para ser un aficionado y demasiado poco como para ser un profesional era el problema de Steniner, un personaje de "La dolce vita" que, por cierto, acaba suicidándose y da paso a una escena que llevaría al nombre de "paparazzi". Pero ésa es otra historia.

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