lunes, 23 de febrero de 2009

Coger

He tenido una confirmación de mi ignorancia respecto al mundo indígena andino. Ya sabía que, cuando hice la tesis, tendría que haber conocido mejor Extremadura y Andalucía si quería entender algunas costumbres quechuas supuestamente "originarias", incaicas o incluso pre-incaicas. Sin embargo, eran costumbres que los conquistadores las habían importado y, mientras desaparecían en la Península, seguían en vigor en los Andes. José María Arguedas, peruano, fue suficientemente inteligente como para irse a Extremadura para entender algunos ritos quechuas que nada tenían de "originarios".  Incluso algunos trajes supuestamente indígenas pueden verse en museos de Cáceres como propios de los campesinos locales siglos ha. No todo lo "originario" es originario.
Ahora es un amigo, muy versado en las lides lingüísticas, el que me ha hecho ver una posible explicación al cambio de sentido que tiene la palabra "coger" a lo largo del continente americano. En México puede ser malsonante con el significado de copular y lo mismo sucede en el Cono Sur. Sin embargo, ese sentido malsonante desaparece prácticamente en los Andes. Cierto que en Bolivia no se suele "coger" un autobús (o un colectivo), pero no porque no se puedan tener relaciones sexuales con el vehículo, sino porque se prefiere otra expresión. En cambio, en Argentina no se puede "coger" un autobús por puros motivos fisiológicos. 
Pues bien, la explicación que me da mi amigo es: colonización extremeña con latifundio ganadero. Cuanto más haya habido, mayor probabilidad de que "coger" sea una mala palabra. ¿Razón? Sencilla: en Extremadura "coger" se refería a la cópula de los animales, no de los humanos, como usamos pierna para estos y pata para aquellos. "Coger" sería malsonante porque se refiere a animales. Se non è vero, è ben trovato. Y de este colega y, a pesar de ello, amigo, me fío. Cuando vuelva a mi pueblo extremeño tengo que contrastarlo con los viejos del lugar. De momento, lo he contrastado con amigos que conocen la sierra granadina y me lo confirman: en el lenguaje popular de los pueblos, los animales "cogen", es decir, copulan.
Efectivamente, las colonizaciones dejan huellas. La de los señores normandos en Inglaterra, teniendo sajones como siervos, hace que el animal que el señor se encuentra en la mesa se llame "pork" (a la francesa), mientras que lo que cuida el campesino es "pig". En general, el afrancesamiento es de clase alta.
En el caso de los españoles, no sólo llevan la lengua de la clase alta y de los que quieren parecerse a ella, sino que llevan los significados regionales que, una vez importados, adquieren una dinámica propia. 
Ya sé que es un conocimiento inútil, e igual no se acepta con los criterios mercantiles que algunos quieren imponer en las universidades. Pero no me parece que comprender mejor las cosas sea tan inútil si lo que supone es ir abandonando los propios errores e ir adquiriendo criterios que no necesariamente son los de "los de arriba".

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