lunes, 5 de enero de 2009

Gaza: periodismo y propaganda

La neutralidad, tal y como van las cosas, es casi imposible. Y la equidistancia será duramente criticada por los que saben que defienden la causa justa. El problema es saber cuál es esa causa, cosa que la falta de neutralidad dificulta. Para muchos, la dificultad se resuelve diciendo que se está a favor del más débil (o, de facto, aunque no se diga con esas palabras, a favor del más fuerte, como la rémora está a favor del tiburón). Sin embargo, si se trata de informar (de hacer periodismo), conviene saber que no se defiende bien al débil (o se pone uno de parte del fuerte) contando mentiras. La propaganda (inevitable cuando se hace periodismo ya que resulta muy difícil no tomar partido, como he dicho) debería de tener sus límites, aunque no siempre sea fácil separar periodismo y propaganda.
Un par de artículos no-neutrales, pero que sirven para hacerse una idea de qué está sucediendo y, en particular, de qué puede pasar después de esta invasión que, como ya indiqué, podía esperarse y que podía tener como objetivo el dividir Gaza en tres partes para mejor controlar las actividades de los que no quieren negociar con Israel en los términos que impone Israel, es decir, aceptar todo lo que el gobierno israelita proponga y el de los Estados Unidos apoye. De momento, ya han cortado a Gaza en dos partes y dudo que permitan la reunificación.
El primero, claramente pro-palestino, está escrito por Gilad Atzmon, nacido en Israel, que se considera "palestino de lengua hebrea" y que vive exiliado en Londres. Traducido, aporta numerosos datos sobre la historia reciente y su manipulación por parte israelí. Su lectura no gustará a los que hablan de "la izquierda pro palestina española y de su lobby árabe-islámico, políticamente muy influyente", como aparecía un un sabroso texto de la FAES. Estos prefieren hablar (como he oído por radio) del golpe de Estado dado por Hamás (?) y de las explicaciones que da el gobierno de Israel y que Atzmon intenta desmontar. El artículo de éste es un buen ejemplo de cómo se puede ser partidario de una de las partes sin por ello perder un mínimo de respeto a la realidad. Pero como la realidad tiene infinitas caras, se acaba eligiendo aquellas que encajan con la propia opción, cosa bastante mejor que la mentira o la falsedad. Seleccionar es inevitable, mentir no es de recibo. Aconsejo, pues, el artículo de Atzmon. Como también vale la pena leer el artículo del que fue asesor de Simon Peres,  Gideon Levy en Ha'aretz: no todos los judíos que publican en periódicos israelitas están a favor de lo que está haciendo su gobierno, pero se trata, sencillamente, de una condena moral, humanitaria y política de lo que está haciendo su gobierno.
El otro artículo al que quiero referirme y que viene más al caso está en el Washington Post. No es claramente pro-sionista, pero es imposible evitar un cierto tufillo a pro-israelí. Afortunadamente, a diferencia de algunos panfletos que circulan estos días con una encendida defensa de unos u otros o, lo que es lo mismo, un no menos encendido ataque a unos o a otros, sus autores, Sudarsan Raghavan y Griff Witte, procuran mirar hacia los dos lados y entender qué pretende cada uno de ellos y qué pueden esperar en el futuro. La comparación con lo sucedido en el Líbano en 2006 me parece muy pertinente para ver los problemas que puede encontrar el gobierno de Israel al entrar en territorio palestino (algunos añadirán: desde territorio igualmente palestino, aunque bajo ocupación israelí) y las debilidades de Hamás. Estos autores se cuidan mucho de reducir la cuestión a lo militar y hacen ver las ganancias (o pérdidas) políticas que puede tener cada una de las partes. 
En ambos casos, es preciso darse cuenta de que el problema no sólo tiene dos actores y menos que se trata de Israel y Palestina. El del Washington Post tiene más claro esto último ya que subraya el problema que supone que los palestinos, políticamente, estén divididos y hayan estado hasta hace poco enfrentados por las armas entre Fatah y Hamás, cosa que a Atzmon no parece interesarle tanto. No se trata, pues, de Israel, sino de su gobierno, con sus intereses políticos electorales mezquinos a corto plazo y sus ambiciones sionistas de recuperar el Eretz Israel (del Nilo al Eúfrates) y no se trata de Palestina sino del gobierno de una de las partes que, en el enfrentamiento intrapalestino, ha quedado bajo Hamás. Desconozco las divisiones internas que pueda haber en Hamás, pero no hace falta mucha información privilegiada para saber que el gobierno de Israel es un complicado gobierno de coalición en el que Kadima y el Partido Laborista pretenden quitarse votos mutuamente al tiempo que dificultan el ascenso del Likud. 
También hace falta darse cuenta de las complejas relaciones internacionales que cruzan las muertes en Gaza. El mundo árabe, dividido. Como el palestino. No se trata, pues, de un "choque de civilizaciones" en el que Israel (como decía el analista de la FAES que he escuchado por radio) tiene el papel de defender los valores occidentales ante el fanatismo y el fundamentalismo. El asunto, al ser más complicado, es menos grandioso. La Unión Europea, dividida también, con un extremo ocupado por el presidente checo, presidente de turno de la Unión, y, por otro, por el percibido como pro-palestino ministro español de asuntos exteriores. Donde no hay tanta división es en el gobierno de los Estados Unidos, saliente y entrante, bloqueando, como suele, cualquier decisión en Naciones Unidas que no encaje exactamente con los intereses del gobierno de Israel. Sí la hay, como he contado, dentro del mundo judío estadounidense, en su mayoría favorable al gobierno de Israel, pero con notorias excepciones de los que no pueden aceptar esta peculiar versión de la ley del Talión (cien ojos por ojo, cien dientes por diente) o encuentran inaceptable matar mosquitos a cañonazos. Sin embargo, el lobby pro-israelí es suficientemente fuerte (económica y políticamente) como para ser bastante más influyente que el lobby pro-árabe (que no pro-palestino): como Political Action Committee, el árabe es irrelevante, el judío es el primero. En los Estados Unidos me refiero. No sé en España, porque no dispongo de datos que sí están disponibles en los Estados Unidos.
Pero también hay que darse cuenta de cómo la opción que se haya tomado va a influir en la selección de datos y hasta en el uso del vocabulario. Se puede decir, como he dicho, que se trata de una invasión desde territorio palestino ocupado ilegítimamente, de una invasión de territorio gobernado por Hamás, de un ataque al pueblo palestino o, como dirá Libertad Digital, "El Ejército de Israel comienza a ocupar zonas urbanas de Gaza en busca de terroristas", es decir, se trata de un episodio más de la lucha épica de Occidente contra el terrorismo (islámico, yihadista). Y, claro, se podrá hablar de Hamás y del gobierno de Israel, pero también de "los terroristas de Hamás" (experto de la FAES, Libertad Digital) o del "terrorismo de Estado" del gobierno de Israel. 
Comprendo los llamamientos a la (santa) indignación ante lo que está sucediendo y ante el modo en que está siendo tratado por unos y otros. Creo que antes de indignarnos, no vendría mal que dedicáramos un rato a no dejarnos llevar por la tópica primera baja en estos enfrentamientos: la verdad. Cierto que es un ideal irrealizable (somo ciegos que vamos dando versiones sobre la parte del elefante que está a nuestro alcance y que nunca lo veremos completo), pero la actitud inicial, antes de indignarse, tendría que ser saber de qué se está indignando uno, si por todo Occidente, todo Israel, una parte de Israel, el pueblo palestino, una parte de la organización política palestina, la libertad, la democracia o el derecho internacional o Naciones Unidas.

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