domingo, 25 de enero de 2009

Ama llulla

La Constitución que se vota hoy en referéndum en el que considero mi país, Bolivia, incluye en su texto los tres preceptos que fueron aportados por el imperialismo incaico: no seas perezoso (ama qhella), no robes (ama sua) y no mientas (ama llulla). No hace falta darle muchas vueltas para verle segundas intenciones al primer conquistador histórico: trabaja más para darle al Inca lo que te pida (sin robarle y sin mentir sobre tus cosechas). Y, puestos a ser imperialistas, su política incluyó deportaciones masivas de un extremo al otro de su creciente imperio. Por ejemplo, algunos "pueblos originarios" en el Ecuador probablemente sean originarios de Bolivia (véase cualquier mapa para hacerse una idea de lo que significa ese traslado: como algunos "mitimaes" soviéticos). 
Aprovechando una guerra civil, es decir, una lucha por el poder en la cúspide, un puñado de españoles, con el apoyo de indígenas -como en México con los aztecas, el "malinchismo"-, conquistaron el imperio y lo dividieron en zonas administrativas y, lo que era más importante, en encomiendas, tierra que se daba a los invasores con indios incluidos. Las muertes por intercambio de microbios, por explotación extrema (piénsese en las minas de Potosí) y la alienación cultural que no pudieron evitar ni siquiera dando significados indígenas a la religión que se les imponía a la fuerza diezmaron la población que quedó sometida al nuevo imperio.
De nuevo por divisiones en el centro del imperio (Napoleón, Fernando VII y todo aquello del 2 de mayo de 1808), una parte de los españoles consiguió librarse del yugo de la Corona apelando a los ideales masónicos de la Revolución Francesa (libertad, igualdad y fraternidad), ideales que no aplicaron a los indios que siguieron sojuzgados después de que, de nuevo, se hubiesen dividido en las guerras de la Independencia: unos con los españoles criollos y otros con los españoles lealistas (tan chapetones como los anteriores, pero que no fueron llamados así, sino criollos, blancos, libertadores -de sí mismos, no de los indios-). El sistema de hacienda se mantuvo, en algunos casos se concedió a los indios liberados de la esclavitud de la hacienda (que todavía perdura en algunos territorios, no se olvide) unas tierras de menor calidad que la de los criollos y el sistema de castas se mantuvo, aunque con cierta movilidad social que, o por consanguinidad - hijos ilegítimos- o por buenas opciones económicas, ha durado hasta nuestros días manteniendo el mestizaje que ya se había iniciado con los españoles (los primeros conquistadores son jóvenes varones que llegan sin pareja). Pero mestizaje "racial" no significa que el sistema indios-cholos-blancos se viniese abajo. Los blancos (q'aras) siguieron en la cúspide mientras los cholos (mestizos) jugaban el papel que habían tenido en el sistema de hacienda: el de capataces para mantener a los indios bajo control. Esa situación está descrita en un par de novelas: una, boliviana, "Raza de bronce", de Alcides Arguedas y otra, ecuatoriana, "Huasipungo", de Icaza.
Hubo levantamientos indígenas durante la República (en otros países, como Uruguay o Argentina, llevaron a genocidios), pero en Bolivia no consiguieron levantar cabeza hasta la revolución del MNR, de Víctor Paz Estenssoro, en los años cincuenta del siglo XX. Se llevó a cabo una reforma agraria y se dio el voto a los indios (que se llamaron campesinos, abandonando la palabra indio para el insulto y haciendo énfasis en su trabajo mayoritario). No fue inocente lo del voto: era muy útil para legitimar democráticamente al gobierno que les había dado las tierras, compuesto únicamente por criollos. 
Uno de los errores del Che Guevara fue, precisamente, no darse cuenta de lo cercana que había estado la Reforma Agraria. Y, si no me equivoco, el poco apoyo que obtuvo del Partido Comunista pro-soviético boliviano tuvo algún elemento en común con lo que Orwell cuenta en "Homenaje a Cataluña": se sometió la revolución boliviana -la nueva- a los intereses geopolíticos del "socialismo en un solo país", la URSS.
En todo caso, con el MNR (Movimiento Nacionalista Revolucionario) comienza un lento ascenso político de los campesinos que se organizan y reciben apoyos de ong muy diversas cosa que permite una mejor formación de sus cuadros y una creciente capacidad de maniobra. Que en esta ascensión algunos criollos tuvieron un papel importante, también me parece fuera de duda (pienso que el actual vicepresidente -criollo- es más indigenista que el actual presidente -aymara-).
Saltando hasta estos últimos años, un dirigente sindical de los cocaleros (poco indigenista si hay que ver la trayectoria, pero perteneciente a lo que ahora se llaman "pueblos originarios") consigue la presidencia en una primera vuelta y con el 53 por ciento de los votos. Como los vientos soplan "etnicistas", se convierte en indigenista de la misma manera que los zapatistas, que comienzan marxistizando, terminan culturizando o etnicizando. 
Es un hecho histórico como el de Mandela (que emerge del "apartheid") o el de Obama (que emerge del segregacionismo). Son países racistas (España también lo es: recuérdense los comentarios españoles sobre la "chompa" que vistió Morales en su visita a España) en los que alguien, representando a los segregados, llega a la presidencia. En España eso no ha sucedido todavía. De todos modos, la comparación creo que es más exacta con Obama que con Mandela. Obama es negro en términos del censo estadounidense, pero mulato para un brasileño o para un español. Ambos usan su pertenencia a grupos sociales inferiorizados para alcanzar el puesto, pero ahí se acaba la semejanza.
Cierto que los negros han sido los esclavos importados para trabajar en las plantaciones (no se olvide que Bartolomé de las Casas era contrario al maltrato a los indios, pero no se oponía a la esclavitud de los negros). En cambio, los indios son originarios, invadidos varias veces y oprimidos, en diverso grado -todo hay que decirlo-, en diversas ocasiones. 
Desde mi punto de vista, el triunfo de Morales en 2005 es el realmente histórico, lo cual no generó una "moralesmanía" parangonable con la "obamamanía" ni le concede ni a él ni a Obama o Mandela "patente de corso". Se equivocan como todo ser humano y, con más razón, como todo político que, al fin y al cabo, tiene que tomar más decisiones al cabo del día que el común de los mortales. Y son decisiones que pueden afectar a muchísimas personas.
La Constitución que hoy se vota "refunda" Bolivia como la ecuatoriana "refundó" al Ecuador. Estamos en el reino de las palabras y la retórica. Afirmar los principios incaicos o proclamar como ideal al que se debe tender (lo hacen ambas constituciones) el "buen vivir" (sumaj kawsay o sumak kawsay) de la tradición quechua-aymara no cambia la realidad. Decir que se trata de un Estado plurinacional, tampoco. Quisiera volver a Toracarí o a Condoriri para ver en qué afectan esas palabras al "vivir" cotidiano de los que fueron allí  mis alumnos hace muchos años.
Estamos, pues, ante un hecho histórico que habrá que ver cómo se engarza con el nuevo imperio con el que el gobierno boliviano rompió relaciones indirectamente al hacerlo con Israel el pasado día 14 después de haber expulsado al embajador estadounidense en septiembre, pero cuyo nuevo mandatario, Obama, y su ministra de asuntos exteriores (secretaria de Estado)  fue saludado como esperanza de mejores relaciones por el vicecanciller boliviano (q'ara) de un canciller Choquehuanca (indígena). (Por cierto, también el Ecuador tuvo una ministra de asuntos exteriores indígena: Nina Pacari).
Desde el punto de vista de los indígenas, la situación ha mejorado, pero no por ello es buena. Es menos peor. No exageremos ni sometamos a la historia a un lifting nacionalista interesado. España está llena de especialistas en ello y, sin duda, lo ha practicado no sólo con respecto a lo sucedido dentro de sus actuales fronteras sino también respecto a sus antiguas colonias.
(P.S. Un análisis de los resultados puede verse aquí. Datos en mano, intenta desmontar la tesis de la "división". Creo que no lo consigue del todo, pero sí muestra el carácter, obvio por otra parte, de lucha política que tienen estas contiendas, bien ajenas a la "refundación" por importante que sea el reconocer oficialmente -porque ganó el SÍ, no se olvide- derechos particulares a los pueblos originarios)

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