viernes, 12 de diciembre de 2008

Tolerancia musulmana

Anteayer terminó la Peregrinación a la Meca, una de las obligaciones de todo musulmán. Me coincide con el vistazo a un estudio publicado por la Harvard Kennedy School que muestra cómo y cuánto la Hajj hace a los peregrinos más tolerantes hacia las personas de otros países.
Algún musulmán me ha comentado que la Peregrinación les cambia la vida. Es pasar de vivir en un contexto con más o menos musulmanes a verse sumergido en una marea humana que se mueve por la Meca, rodea la Piedra Negra o echa piedras a Satán. Es sentirse parte de un todo, y esa experiencia puede ser "oceánica".
Por mi parte, había pensado que la Peregrinación haría a los creyentes más creyentes. Al fin y al cabo, las creencias religiosas son indemostrables y la gente las acepta porque las comparte con un grupo que, primero, se las enseñó (familia, escuela) y, después, se las apuntaló (parroquia, mezquita, sinagoga). Dejar una religión, en muchos casos, es dejar la pertenencia en un grupo y pasarse a otro y puede ir antes o después de este cambio de pertenencia. Pero, por lo general, hasta el converso necesita anclar sus creencias indemostrables en un grupo que le confirma en la fe.
Y, como ya decía Freud, si uno es creyente difícilmente va a aceptar a los creyentes de otra cosa y, todavía menos, a los creyentes de una variante de la propia creencia, sean herejes, cismáticos o sencillamente de práctica diferente. Aceptar al otro es poner en duda lo propio y eso es siempre dificultoso para el creyente que tiene sobrados argumentos para dudar de sus verdades indemostrables.
Así que yo pensaba que la inmersión en la Hajj aumentaría la intolerancia. Por lo visto no es así y, como siempre, y aceptando la bondad de los datos demasiado "econometrizados" para mi gusto, pues los hace sospechosos de haber sido "torturados" hasta que hayan confesado lo que los investigadores querían, habrá que buscar interpretaciones alternativas. Las hay y se refieren no a la psicología de la creencia religiosa sino a la neurología de la xenofobia.
La xenofobia, como ya he contado otras veces, es una reacción defensiva que tenemos en común con otros animales. La amígdala, una parte muy primitiva de nuestro cerebro, emite señales de alerta ante el extraño ya que el extraño puede venir con malas intenciones. Todos tenemos esa reacción primitiva que, después, y en la mayoría de los casos, es evaluada por la neocorteza (racional) y puesta en su lugar si es que procede.
Los estudios que he visto al respecto muestran que la neocorteza se impone con más rapidez sobre la amígdala en las personas que han viajado y, por tanto, han visto a gente diferente, con costumbres diferentes a la propia. Eso es la Peregrinación. Cierto que todos son musulmanes, pero es un delito de ignorancia pensar que todo el Islam es homogéneo. No lo es y el peregrino, alguno de los cuales es la primera vez que sale de su pueblo, percibe las diferencias y además como no amenazadoras. Hecho.
Esos estudios llevan a una constatación más: es más difícil ser xenófobo si se ve al otro como persona concreta y no como formando parte de una determinada colectividad (religión, raza, lengua, sexo...) diferente a la propia. Eso no tiene que ver con la Peregrinación, pero sí con los que atribuyen a todos los musulmanes características homogéneas generalizadas. Hay de todo, como sucede con los creyentes de otras religiones, así que, en aras de reducir la xenofobia en general y la islamofobia en particular, es preferible NO hablar de (in)tolerancia musulmana sino ver a cada individuo como lo que es: individuo. Tolerantes unos, intolerantes otros. Como con los cristianos, los judíos, los hinduístas, o los budistas.

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