miércoles, 31 de diciembre de 2008

Predicciones fallidas

Otros años me he entretenido, en esta última colaboración última, recogiendo predicciones sobre el año siguiente. Esta vez la revista “Foreign Policy” me ha dado una idea mejor: la de presentar algunos de los más claros errores cometidos en predicciones sobre cosas que sucedieron en 2008 y ya podemos saber si eran acertadas o no. Las he reordenado a mi manera.
La primera me incluye: No creí que Obama llegase a ser candidato ni, mucho menos, presidente de los Estados Unidos. Para mi consuelo estoy acompañado por reputados analistas estadounidenses como William Kristol o la revista “BusinessWeek”. El primero (17.12.06), como yo, daba por supuesto que Hillary Clinton sería la candidata y que Obama no le ganaría ni una sola de las primarias.
Los analistas de la segunda eran también certeros (2.1.08): el alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, entraría en la carrera al mes siguiente como tercer candidato, y entre él y Clinton recogerían más del 50 por ciento de los votos, aunque, al final, ganaría el inconformista senador por Arizona, John McCain. Es obvio que hacer previsiones levantando el dedo mojado para ver de dónde viene el aire no es el mejor sistema pensable. Los hay mejores.
El miedo, y el miedo a que se tenga miedo, son muy malos consejeros a la hora de hacer predicciones. Lo que después hemos acabado llamando crisis produjo algunas predicciones realmente sabrosas, tanto como las españolas. Jim Cramer, en el programa de la CNBC “Mad Money” (11.3.08) contestaba a la pregunta de si había que preocuparse por la situación de Bear Stearns: “No, no, no. Bear Stearns está bien. No saque su dinero. Bear Stearns no está en dificultades. No saque su dinero de Bear. Eso sería una locura. No sea loco”. A los seis días Bear Stearn se venía abajo.
Algo parecido sucedía con una columna de Donald Luskin (14.9.08): “El que diga que estamos en recesión o que nos dirigimos a ella –especialmente la peor desde la Gran Depresión- está aplicando su propia definición idiosincrática de lo que es una ‘recesión’”. Al día siguiente (no a la semana), Lehman Brothers se declaraba en bancarrota y, como dice la revista, “el resto es historia”.
De todas formas, la mejor pieza en el campo económico la produce Henry Paulson, secretario del Tesoro, el 13 de noviembre de 2008: “Creo que el sistema bancario ha quedado estabilizado. Ya no hay nadie que se pregunte si hay alguna de esas grandes instituciones que pueda caer y que no podamos hacer nada al respecto”. Menos mal.
Pero el premio yo se lo daría a Arjun Murti, analista del sector petrolero para Goldman Sachs (otro que tal), que en un informe (5.8.08) afirmaba con relativa rotundidad que “la posibilidad de los 150-200 dólares por barril parece ser cada vez más probable a lo largo de los próximos 6-24 meses”. Obsérvese cómo se cura en salud: precios que oscilan 50 dólares y lapso de tiempo que va del semestre a los dos años. Lo que no preveía es que llegara a los 40 dólares como ha llegado a estar estas semanas.
Los errores de predicción política (y no sólo electoral) son más comprensibles, pero algunos son curiosos. Charles Krauthammer, en “Fox News” (11.8.08) lo tenía claro: Rusia “va a empezar haciéndose con Osetia del Sur y Abjacia, cosa que ya ha sucedido. Después vendrá la destrucción de las fuerzas armadas georgianas, que es lo que ahora está pasando. El tercer (paso) será probablemente el reemplazo de un gobierno elegido por las urnas y que es pro-occidental por un gobierno marioneta, cosa que se producirá en una semana o dos”. Ni una, compañero, ni una. Conociendo de qué pie cojea el autor, es probable que la inercia antisoviética haya llevado a esta percepción antirrusa, cosa que no sólo sucede en los Estados Unidos sino que ha estado sucediendo en España con respecto a Lukoil. El oso ruso, el oro de Moscú y todo eso ha jugado más que la evaluación de las alternativas.
Véase esta otra: “En realidad, los riesgos para los flujos marinos del petróleo son menores de lo que se supone habitualmente. En primer lugar, los buques cisterna son menos vulnerables de lo que la sabiduría convencional sostiene. Segundo, los conflictos regionales, limitados, no parece que puedan ser un estorbo importante al tráfico. Y, en tercer lugar, sólo un poder naval como el de la fuerza de los Estados Unidos podría desbaratar los envíos de petróleo” (Dennis Blair y Kenneth Kieberthal, en “Foreign Affairs”, mayo-junio 2007). Pues menos mal. Que se lo digan a los piratas.

Mi favorito, de todas formas, es el de Walter Wagner, en LHCDefense.org, anunciando que “hay una posibilidad real de crear anomalías teóricamente destructivas tales como agujeros negros en miniatura[…] (que) tienen el potencial de alterar de manera fundamental la materia y destruir nuestro Planeta”. Cuando se puso en marcha en nuevo acelerador de partículas en los terrenos del CERN, entre Suiza y Francia, el mundo no se acabó. Pero el LHC se estropeó y hubo que repararlo.
Miedos, errores de cálculo, deseos de engañar, proyección de los propios fantasmas sobre la realidad, ausencia de buenos datos contrastados y de series suficientes, dislate de pensar que las series temporales pueden extrapolarse indefinidamente y tantos otros factores hacen la predicción difícil pero no por ello menos necesaria. En concreto, necesito tener alguna idea de qué tiempo va a hacer los próximos días si quiero hacer mi maleta con un mínimo de racionalidad. Lo que no tiene sentido es la arrogancia.

(Publicado hoy en el periódico Información de Alicante)

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