miércoles, 17 de diciembre de 2008

Obama para ilusionados

A los que han concebido esperanzas respecto a la presidencia de Obama en los Estados Unidos y, por tanto, en el mundo, y a los que, como la revista Time, lo declaran "hombre del año" (perdón, "persona del año"), tengo que recordarles tres cosas.
La primera es que los Estados Unidos ya no son lo que eran. Lo piensan muchos estadounidenses y he levantado acta con frecuencia de "los mil cortes" que su hegemonía ha ido sufriendo mientras emergían otros poderes en un mundo cada vez más multicéntrico. Lo que tendría que importar es quién manda en la propia zona: qué pasa en el Brasil si uno es latinoamericano o quién está "arriba" en la Unión Europea si uno vive bajo esa otra institución. Que Sarkozy haya sido "seducido" por Europa es irrelevante. Lo que importa es saber quién manda y eso no está claro. Por no mandar, no manda ni el pueblo ya que la democracia europea (gobierno del pueblo) es muy discutible, por decirlo de la forma más suave posible. Pero, sea quien sea, lo que parece claro es que los Estados Unidos han venido a menos últimamente y no sólo con la crisis, a pesar de que tengan el poderío militar que efectivamente tienen, pero que no está claro que puedan pagar ni que vaya a funcionar mejor de lo que funcionó la Armada Invencible a unas Españas que se venian abajo como potencia hegemónica en el sistema mundial de entonces. Lo que pase en los Estados Unidos ya no es tan importante para el mundo como lo que lo pudo ser en sus buenos tiempos de hace cincuenta años. Si las esperanzas se ponen en el jefe (y no en las propias fuerzas), hay que buscar al jefe donde esté, que no es necesariamente donde estaba.
La segunda, reconociendo que aún cuentan, que las semejanzas entre las dos grandes máquinas políticas en los Estados Unidos hacen poco probable que los respectivos candidatos sean el día y la noche. Ambos son crepúsculos, y Obama lo está demostrando: la misma política exterior (militar, por supuesto) incluso con las mismas personas, política medioambiental retóricamente distinta gracias a Chu pero prácticamente parecida gracias a la "herencia envenenada" que le deja su antecesor (una cosa es que se parezcan y otra que estén en el mismo equipo de fútbol: el que gana, gana; y el que pierde, se venga) y, probablemente, viendo quiénes les están financiando las campañas, la misma política económica que, en palabras de Bush, consiste en "saltarse las reglas de mercado libre para defender el mercado libre" que hay que traducir "saltarse esas reglas para defender a los de arriba".
La tercera es sencilla: la mejor manera de no desilusionarse es no haberse ilusionado. Ya sé que la tradición es la de esperar que venga el Mesías, Skywalker o la "clase obrera" a salvarnos, por lo que seguiremos esperando su segunda venida. Pero la salvación no viene de alguien de fuera sino que tendría que venir del sistema mismo y éste está formado por muchos actores, incluídos los Madoff de turno.
Todo ello sin quitar el carácter histórico que tiene el hecho de que un negro haya presidido un país racista (Mandela en Suráfrica), un autodenominado indio presida un país con muchos racistas (Morales en Bolivia) y un mulato, clasificado por los demás como negro, vaya a presidir un país con fuertes resabios racistas y un pasado bochornoso al respecto (Obama en los Estados Unidos).

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