lunes, 15 de diciembre de 2008

Mentiras, grandes mentiras y estadísticas oficiales

Está circulando por Washington un informe sobre la chapucería estadounidense en Iraq en el campo de la "reconstrucción". Se habla de miles de millones de dólares malgastados por mala planificación, peor gestión y desconocimiento desesperante de la sociedad a la que se suponía se estaba ayudando. Iraq fue un desastre en su justificación, básicamente mendaz (mentiras, vamos, puras mentiras) y en su puesta en práctica. De todos modos, eso no añade información a lo que ya se sabía: como para que los que decidieron, planificaron y ejecutaron esa "obra de arte" se sientan orgullosos de lo que han hecho y por lo que nunca, nunca jamás pedirán disculpas. Lo que me ha fascinado (que no sorprendido) del reportaje del New York Times (donde también hay un enlace a lo esencial del informe) es que la reacción del gobierno cuando vieron que la cosa no funcionaba fue la de manipular las estadísticas, hinchar el perro. 
Si hay motivos para dudar de los datos que proporcionan los gobiernos (siempre arrimando el ascua a su sardina, a veces hasta quemarla), este informe los confirma. Si fuera el primer caso conocido, todavía. Pero es que llueve sobre mojado. Sólo cuando el dato es contradictorio con los intereses de quien los produce podemos pensar que tal vez sea un dato correcto, aunque nunca estaremos seguros. Si el dato va en la dirección de esos intereses, los motivos para tomarlo con muchísima precaución aumentan de manera espectacular. 
Y eso es válido para los informes de agencias internacionales e instituciones como el Banco Mundial, Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, Organización Mundial de la Salud, FAO y demás oráculos que citamos (y yo el primero) con demasiada frecuencia acrítica. Si se recuerda la casi batalla campal que se montó entre el gobierno chino y el Banco Mundial a propósito del estudio sobre los costes de la contaminación en la China, se tendrá un caso más de "toilette statistique", "statistical lifting" o arreglillo estadístico para dejar tranquila a la parte contratante de la primera parte. 
Claro que cuando el informe de marras afirma que se han malgastado como 50.000 millones de dólares en la "reconstrucción" de Iraq, uno puede pensar que igual son más y que la cifra es tan voluminosa que ha tenido que ser rebajada. También puede pensar que se trata de un ajuste de cuentas con patata caliente para el nuevo gobierno (y para Colin Powell que apoyó a Obama y que no queda muy bien parado en esas páginas). Vaya usted a saber. Pero antes de creer, piense. Y como no tendrá más remedio que fiarse de alguien (porque no hay modo de verificar nada de esto) puede hacer dos cosas: vivir con la duda o dedicarse a otros asuntos olvidándose de estos.
Y, puestos a ser escépticos, no se olvide la calidad y exactitud de los datos que las entidades financieras dan sobre sí mismos. Son capaces hasta de apuntarse a un fraude ajeno con tal de ocultar las incompetencias propias. El caso de Madoff es paradigmático.

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