lunes, 8 de diciembre de 2008

La crisis es tozuda

El director de la sucursal de la institución financiera en la que atesoro mis riquezas estaba algo molesto con los medios de comunicación que, según él, estaban magnificando la crisis y trasmitiendo un derrotismo que no encaja con lo que se debería pensar: que hay que salir adelante, que hay que trabajar como si nada pasase y que no hay que creerse tales exageraciones. Cierto que también me decía que los gobernantes (no los financieros) deberían haber aprendido de lo sucedido en 1929 y que comprendía que los políticos, atrapados en la lógica electoral, no podían poner freno a la locura inmobiliaria que hubo en España y en los Estados Unidos (en el caso español, añado, incluso fue fomentado por leyes como la valenciana que todavía enloquecieron más a los burbujistas que, mientras los precios subían, actuaban como si los precios pudiesen subir indefinidamente). No sé si los medios exageran, pero sí sé que los hechos son tozudos. Así comienza CNNMoney.com:
A record 1.35 million homes were in foreclosure in the third quarter, driving the foreclosure rate up to 2.97%, the Mortgage Bankers Association said Friday. That's a 76% increase from a year ago, according to the group's National Delinquency Survey. At the same time, the number of homeowners falling behind on their mortgages rose to a record 6.99%, up from 5.59% a year ago, the association said.
O sea que las ejecuciones hipotecarias siguen creciendo en los Estados Unidos y que los fallidos en sus pagos de préstamos hipotecarios también aumentan y ambos a ritmos muy elevados si se compara con lo que sucedía hace un año, cuando la crisis ya había reventado. Se acelera, vamos.
No he visto los datos para España, segura de sí misma. Sí he visto los datos sobre el parón en la construcción (y sus efectos sobre el desempleo) y la caída en los precios de las viviendas (primera y segunda mano). No he visto qué pasa con la institución en la que atesoro mis riquezas, pero puedo imaginar que va a comenzar a sufrir los impagados en cuanto dejen de cobrar el desempleo y va a tener que ejecutar algunas hipotecas encontrándose con que el precio de la casa hipotecada y embargada por la institución es ahora inferior al precio con que fue tasada (extraña operación, tan rara como los "ratings" de Moody's o Standard&Poor y similares). Para entendernos: se tasó en 100, se dio un préstamo de 90 y la casa ahora vale 80. Alguien pierde su casa, pero la institución pierde 10 en este caso que, si se multiplican, hacen entrar como caballo en cacharrería a las agencias de "ratings" que no tienen negocios con la institución y, por tanto, pueden ser más crueles de lo que lo han sido con las empresas en las que tenían intereses.
El director de la oficina y, a pesar de ello amigo, tiene razones para preocuparse por la "imagen" que se da de la crisis. Pero podrían haberse preocupado, como deberían haberlo hecho los políticos, cuando las vacas gordas: podían saber qué había pasado en otras burbujas inmobiliarias (la anterior española, la japonesa) y qué había pasado en la anterior crisis financiera fuerte. No lo hicieron y, encima, se mezclaron ambos problemas. Si los políticos estaban atrapados por la lógica electoral, estos amigos estaban atrapados en la lógica del beneficio a corto plazo. En su caso, la teoría de la bicicleta: si dejas de pedalear, te caes. 
"Los hechos son tozudos", que decía Lenin.
(P.S. He encontrado datos semejantes a los de Estados Unidos, pero referidos a España en El País  de hoy. El gráfico creo que hay que verlo en la edición impresa porque en la digital no lo encuentro. En todo caso, muestra el aumento de problemas con la hipotecas no sólo porque se contrajeron con mucha alegría sino, sobre todo, porque se concedieron con mayor alegría todavía. Los efectos sobre la economía española pueden ser ligeramente diferentes ya que parece que se ceban en los inmigrantes, que son los que podrían decidir volver a sus países de origen. Tal vez eso explique la noticia del Hoy -Quito- haciendo referencia a un estudio español en el que se muestran las restricciones que están teniendo los inmigrantes para conseguir un contrato de alquiler de vivienda, en especial en Madrid y Barcelona).

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