viernes, 19 de diciembre de 2008

Juego limpio en política

Cuentan y no acaban de cómo está terminando la presidencia más discutida de los Estados Unidos y no precisamente en "espíritu navideño". Al gobierno Obama le va a costar dios y ayuda (nunca mejor dicho) contrarrestar y contrapesar las leyes que el gobierno Bush le está dejando en herencia en el campo de los residuos, la protección de parques, uso de combustibles y demás minucias a las que tendrá que enfrentarse nada menos que un premio Nobel de Física. Pero la capacitación profesional no lleva consigo la capacitación política y menos si los predecesores han dejado el campo lleno de minas antipersona. Quiero decir productos que dificulten la puesta en práctica de los aparentemente buenos deseos, en particular en materia medioambiental, del nuevo presidente, en el que no creo, dicho sea de paso.
Si en política exterior (militar, por supuesto) son tan parecidos, me temo que en política medioambiental también lo van a ser. Si en el primer caso, con la inestimable ayuda de la misma persona (se mantiene el secretario de defensa del gobierno Bush), en el segundo caso con la inestimable ayuda de las leyes que se dejan en herencia. Yes, we can. Pero ¿qué?
Creo que era Aranguren el que, hace ya más de 30 años, decía que el que no quisiere ensuciarse las manos, que no se metiese en política. La política es de manos sucias, no de juego limpio. Por eso admiro a los que se meten en ese lío y quieren mantener un mínimo de limpieza en sus manos. Mis amigos y amigas en tal situación se dividen en tres grupos: los que han acabado ensuciándose las manos (siguen siendo amigos, pero "dicen que la distancia hace el olvido"), los que no han tenido más remedio que transigir manteniendo principios pero tragándoselos de vez en cuando con tal de mejorar algo la situación y, finalmente, los que han mantenido hasta tal punto sus principios que se han visto forzados a dejar la política. Los nombres, sexos y nacionalidades me los reservo en mi real pecho.

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