martes, 16 de diciembre de 2008

Delito de guante blanco

Los miles de millones estafados por Madoff no son de extrañar. Los medios se han ocupado en estrañarse y aquí se puede ver cómo se ha tratado en una veintena de fuentes, todos extrañados. Sin embargo, no debería extrañar: el sistema económico mundial funciona así. No me refiero a los bellos modelos econométricos con los que se pretende simplificar ("limpios modelos") la realidad, sino a la cruda realidad del funcionamiento realmente existente ("manos sucias"). Una vieja distinción entre economistas y sociólogos.
El historiador Ferdinand Braudel hablaba de los tres niveles en los que se lleva a cabo la actividad económica. Por un lado, estaba la economía material, aquella de la que no queda constancia en las cuentas nacionales: el autoabastecimiento, el trueque y la economía sumergida. Las dos primeras son legítimas y legales, las actividades de la segunda son tal vez legítimas pero ciertamente son ilegales y más si se incluye la actividad explícitamente ilegal, la de la trata de blancas, narcotráfico, tráfico de personas, contrabando (incluyendo el de armas) que tanto peso tienen sobre el conjunto de la economía mundial (¿un tercio, tal vez, del producto mundial?).
Las llamadas ciencias económicas tratan del segundo nivel del que hablaba Braudel: el mercado, donde se produce oferta y demanda, pero que el historiador dejaba para las "pequeñas y mediocres empresas". De no intervenir otros factores (como puede ser la "protección" mafiosa), una tienda compite con la tienda de unas casas más allá y tiene que ver sus precios, sus calidades, sus promociones y sus fidelizaciones. Es el reino de la economía de mercado, no necesariamente libre del todo, pero que se acerca bastante a la mitología de "los infinitos ofertantes, infinitos demandantes, todos con información completa y libertad de elección". Cierto que no siempre que aumenta el precio disminuye la demanda (como pretende la teoría apresurada) porque el comprador cree que si aumenta el precio aumenta la calidad y, por tanto, una razón más para la compra, pero ésa es otra historia. Como también la constatación de que en ese mercado, el pez grande se come al chico: el pequeño tendero de mi pueblo acaba siendo engullido por la gran superficie.
La historia que cuenta aquí es la del tercer nivel de la actividad económica del que hablaba Braudel: él lo llamaba "capitalismo" (vendría a ser sumisión a los intereses del capital) y otros (como Samir Amin) lo ha llamado "economía capitalista". Llámese como se llame, se refiere a ese espacio de la actividad económica ocupado por los grandes, por "los de arriba", por los que tienen poder para alterar los precios de las cosas, esos de los que hablaba Adam Smith que se reunen para aumentar los precios por encima de las "leyes del mercado" y que tienen leyes que les protegen y que Smith consideraba que no todas eran legítimas (mientras pensaba que las leyes a favor de los obreros eran todas legítimas -sí, Adam Smith, no Karl Marx, y en "La riqueza de las naciones"-). 
Ese tercer nivel (lo planteé en mi librito Corrupción) es el más importante para entender las actividades ilegales e ilegítimas. Por supuesto, como digo, la corrupción: las grandes empresas compran gobiernos si hace falta ya que las cifras de venta de algunas de ellas son superiores al presupuesto de muchos Estados (luego tienen la capacidad) y, por otro lado, juegan bajo el lema de "todo vale" (luego no tienen el freno de los "sentimientos morales" de que hablaba Smith). Pero también el tipo de estafa del que se está hablando estos días y que, como también se sabe, ni es el primero que se conoce ni será el último. Obviamente, que se conozca no quiere decir que sea el único. 
La lógica parece clara: buenas relaciones en lo alto, codicia del que ofrece y del que acepta, encanto para vender (es decir, capacidad de presentarlo como cosa de "hombres de mundo", elegantes, conversando entre hoyo y hoyo del campo de golf o con un gin-tonic en la mano antes del almuerzo en el club), amoralidad. C. Wright Mills ya lo describía en 1956 (The Power Elite). No hay reglas para hacerse rico y, una vez se es, para serlo aún más, indefinidamente. Amitai Etzioni se preguntaba hace relativamente poco por qué los hiper-ricos querían ser todavía más ricos cuando el incremento (ilegal) no les añadía ni consumo, ni poder, ni estatus ni nada. Avaricia, era la respuesta. 
Estamos, pues, ante un caso más de una situación general y, como dice el editorial de Le Monde, no tiene un único culpable. Lo mismo dice el Financial TimesPor supuesto que no todo lo que sucede en ese nivel de la actividad económica tiene que ser ilegal e ilegítimo por necesidad. Pero, siendo una actividad nada transparente, las probabilidades de que sea criminal son muy altas y más si no hay regulación y se presupone la falta de trasparencia. 
Sólo de vez en cuando vemos la punta del iceberg, desde Ponzi a Madoff y sucesores. Lo que me extraña no es que haya sucedido, ya que considero que es lo habitual. Lo que me extraña y extraña a otros es que se haya sabido ya que los "reguladores" tenían conocimiento de esos manejos e hicieron, como es su obligación, la vista gorda. El peso de la ley es para los mindundis. Igual se trata de un ajuste de cuentas en las alturas o de un complejo complejo de Edipo. Vaya usted a saber. Lo que no se sabe es dónde está ese dinero que "se ha desvanecido en el aire".
Pero si le da un vistazo a este gráfico del New York Times observará lo siguiente: las grandes empresas de bolsa e inversión han sido generosas con la clase política estadounidense. Si se ven los seis mayores receptores de tales donaciones y que han acabado en el congreso, se verá que la mitad son demócratas y la otra mitad republicanos. Pero si lo que se busca es en el Senado, 5 a 1 a favor de los demócratas (un tal Kerry, una tal Clinton) y el republicano es el esperable: McCain. El gráfico también indica que las donaciones del sector a los demócratas ha crecido de manera constante en los últimos años. ¿Que por qué cuento este detalle? Vaya usted a saber. Pero véase el resumen que hacía uno de los asistentes a un encuentro de grandes empresarios con un destacado representante demócrata:

“We are not going to be a bunch of crazy, anti-business liberals. We are going to be effective, moderate advocates for sound economic policies, good responsible stewards you can trust.”
Pues eso. Según mi diccionario, "steward" significa camarero o auxiliar de vuelo. También administrador. Pues eso. No van a ser una panda de "progres" sino unos moderadillos que actúen como los "stewards" en los que los peces gordos del "capitalismo" pueden confiar. Más claro, agua.
Volviendo a Madoff. Primero, sus conexiones con el Partido Demócrata (y, supongo, con el lobby judío, por lo menos con sus "charities" estafadas). Segundo, que está en la calle previo pago de 10 millones de dólares de fianza. Si fuese un mindundi que ha robado una billetera mediante el tirón estaría en preventiva y no saldría a la calle. Legal tal vez, pero claramente ilegítimo. Tercero, que si tiene 10 millones no está arruinado: que me devuelva mi fondo de pensiones. Porque no es un asunto distinto y distante. Efectivamente, lo raro no es que robara ni que no lo pillaran antes. Lo raro es que le hayan pillado, a no ser que se trate de algún acuerdo extrajudicial para salvar más de esos 10 millones de dólares. No es impensable.
Dos años le podrían caer al periodista que tiró sus zapatos contra el esquivo Bush II. Y, encima, parece que le han dado una paliza en la cárcel de la que no ha podido salir bajo fianza.

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