domingo, 16 de noviembre de 2008

Valores e intereses en política

Hace unos días comenté uno de los resultados de las pasadas elecciones en los Estados Unidos: que se había aprobado, en tres Estados, una ley que prohibe el matrimonio entre homosexuales, asunto que ha motivado manifestaciones posteriores de gays, lesbianas y transexuales.
Ahora tenemos detalles sobre los homosexuales ricos que financiaron la campaña a favor del NO, con nombres y apellidos, y con datos sobre la cantidad de dinero que aportaron a dicha campaña. Al parecer, están suficientemente organizados como para intervenir con su dinero en cualquier campaña que les afecte en cualquier Estado. Nada que objetar. Al fin y al cabo, no soy la reina de España.
Lo que me interesa es levantar acta de lo que en inglés llaman  campaña de "single issue", es decir, la existencia de grupos organizados, movimientos sociales y lobbies cuya función es influir en la política en un único tema. Pueden ser los derechos de los homosexuales o cualquier otro asunto por disparatado que pueda parecer a los distintos tipos de bienpensantes que pueblan el Planeta. Insisto: nada que objetar; hacen bien defendiendo aquello en lo que creen o aquello que les interesa (porque se puede actuar por valores o por intereses y, a veces, por puro sentimiento).  
Lo que convierte el asunto en complicado es la perspectiva que tiene que adoptar el político que tiene que responder al conjunto y, por tanto, tiene que reunir todas estas demandas particulares en un todo medianamente coherente. Normalmente no lo consiguen y no solemos darnos cuenta. Pero suele haber un cálculo de intereses que se procura no chirríe demasiado con respecto a los valores que el candidato o partido dice defender o haber defendido. Simplemente: se calculará el peso electoral que tienen los de la "single issue" y si es importante (como votos o como contribuciones a la campaña) se los pondrá en un lugar visible como Obama con los judíos pro-Israel (hay judíos pro-palestinos, no simplifiquemos antes de tiempo).
Hasta ahí hasta se podría decir que todavía no es suficientemente complicado. El problema gordo se plantea cuando hay que elegir entre los "single issue" y ¡los anti-"single issue"!, en este caso los homófobos o los religiosos conservadores (no es un problema sólo de cristianos: también lo tienen los musulmanes).
 Cómo defender una cosa y su contrario o defender verbalmente una cosa y hacer prácticamente la contraria es algo que sólo un político de pura cepa sabe hacer, sobre todo si pone sus intereses (electorales, por supuesto) por encima de sus valores ideológicos. Si hace lo contrario, si sus valores le llevan a defender una cosa con coherencia, lo más probable es que sea engullido por la ola de los políticos con intereses y pocos valores que, me temo, son la mayoría en este mundo. Después se extrañan de la mala calidad de nuestras democracias. Cuando alguien coherente con sus principios acaba siendo llamado "noblemente ingenuo" como ha sucedido en el Ecuador de estos días, algo no va bien allí. Ni aquí. Ni allá. Porque quiere decir que la mejor opción para el político es la del engaño y la mentira.

No hay comentarios:

Publicar un comentario