jueves, 13 de noviembre de 2008

Toda la culpa, el gobierno

Estos son los resultados de una encuesta internacional  publicada por World Public Opinion.org.  Me quedo con un aspecto solamente: ¿Son responsables los gobiernos de la alimentación de sus ciudadanos cuando estos se encuentran en necesidad extrema? La pregunta, para ser exactos, aunque vaya usted a saber cómo se tradujo de un país a otro, es sobre si el gobierno es responsable de asegurar que sus ciudadanos consigan satisfacer sus necesidades básicas de alimento.



Como se ve, el porcentaje más alto de los que dicen que el gobierno NO es responsable viene de los Estados Unidos. Forma parte del individualismo de buenos sectores estadounidenses. Está seguido de los territorios Palestinos y ese NO puede significar que no consideran que tienen un gobierno o que creen que ya lo hacen los partidos transformados en ong o lo hace la cooperación europea, porque, en condiciones de bloqueo, poco se puede hacer. 
Pero, en fin, abrumadoras mayorías a la búlgara de hasta el 96 por ciento diciendo (traduzco), que si hay hambre, habrá que preguntarle al gobierno qué está haciendo. 
Lo primero que quiero resaltar es la teoría de Amartya Sen sobre las hambrunas: dice el Nobel que son más probables en condiciones de dictadura por aquello de que el dictador, responsable ante Dios y ante la Historia (como era Franco), no tiene que preocuparse por esas minucias del voto y puede hacer de su capa un sayo y tirar por la calle de en medio aunque se mueran millones, como sucedió en la China de los años 60 (antecedente más que evidente de la Revolución Cultural) o que ha estado sucediendo en Corea del Norte (sin señales de ningún tipo de Revolución). Como no hay elecciones, el Amado Líder no tiene que preocuparse por mantener su puesto mediante otra medida que no sea la coacción y la manipulación. Si fuese una democracia, se lo pensaría dos veces antes de meter a su país en una salvajada como es una hambruna. No estoy muy seguro de que esta teoría sea correcta, pero el premio Nobel es él, no yo.
Lo segundo, por dejar el terreno de la teoría, son otros datos que proporciona la misma encuesta y página: Qué tal lo está haciendo el gobierno en eso de asegurar que la gente pueda satisfacer sus necesidades básicas de alimentación. Pasamos del bello terreno de los derechos míos y las obligaciones de los otros (raramente es al revés), a la rugosa realidad de qué ven los ciudadanos o súbditos que está sucediendo ante sus narices o a través de los medios:



El gobierno de la China y de Alemania lo estarían haciendo comparativamente mejor que los demás. Son los que pasan de un 80 por ciento que dicen que ambos gobiernos lo están haciendo bien o muy bien. En el otro extremo, Ucrania, Argentina y Nigeria. Hago énfasis en la primera pareja y el segundo trío porque su contenido político es muy desigual: China es una dictadura de partido y Alemania no; y el trío no puede ser más heterogéneo. Ucrania es una democracia de "revolución naranja", es decir, algo tutelada, pero en la que las elecciones a veces funcionan y otras no (como en los Estados Unidos);, Argentina es una democracia aunque la existencia de frustrados "que se vayan todos" hace pensar que algún problema de fondo debe de haber y más sabiendo, como veíamos a propósito de la popularidad de los presidentes latinoamericanos, que Cristina Kirchner está, en este campo, peor de lo que estuvo su marido y predecesor; Nigeria es también una democracia aunque hay motivos más que sobrados para suponer que las elecciones se amañan para que la élite corrupta no pierda sus prebendas y cuando la gente se cabrea y protesta porque los corruptos no reparten nada, a eso después se le llama "tribalismo". No sé si estos datos debilitan la teoría de Amartya Sen, pero nunca dejaré que una teoría me estropee unos bonitos datos.
Y aquí llega lo tercero: es fascinante que, habiendo difundida una conciencia tan clara de las obligaciones de un gobierno para responder a este derecho humano básico, la constatación de que no las están cumpliendo no lleve a la gente a ponerse algo más farruca. 
Supongo que porque les dan otros jueguecitos para entretenerse: culturas, etnias, lenguas, religiones, razas y esas cositas que sirven para que no se vea un aspecto del problema que me parece central, a saber, que los gobiernos son los asalariados precarios de los ciudadanos y que se les pone ahí para que resuelvan problemas y, en concreto, los más básicos. Si no lo hacen y crean más problemas de los que resuelven y, encima, se llenan los bolsillos para trasferirlos a los paraísos fiscales, debería de haber un juzgado internacional ante el cual denunciar a estos asalariados temporales y llevarlos a la cárcel, a que devuelvan lo robado y, sobre todo, a que devuelvan el poder que en teoría emana de los que les pagan (los ciudadanos) y no de los que cobran (los corruptores, normalmente de fuera del país).
¿Toda la culpa el gobierno? No. Toda la culpa el pueblo, sus educadores, sus distractores, sus manipuladores y demás ralea que impide que los que no cumplen con su obligación se queden tan panchos.

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