lunes, 10 de noviembre de 2008

Obama y el plan de Dios

Saber cuáles son los planes de Dios sobre el mundo debe de ser bastante difícil. Cuando yo era creyente, no lo conseguía saber. Igual es que no era suficientemente creyente. Y si me asombra la facilidad con la que el Papa habla en nombre de Dios (al fin y al cabo, es el autonombrado representante del mismo en la Tierra), igualmente me tiene que asombrar lo que Louis Farrakhan ha dicho sobre Obama. El líder de la Nación del Islam, que en su día congregó a miles (varones, eso sí) en Washington para autoafirmar el islamismo de los negros, ha explicado que el plan de Dios sobre el mundo explica por qué ha ganado Obama estas elecciones. Para que nadie crea que Dios tiene aviesas intenciones sobre ese mundo, Farrakhan añade que ese Dios hará que Obama tenga la visión necesaria para guiar al país en las actuales dificultades económicas. Lo que no acabo de entender, al margen de esta manía de saber lo que Dios quiere y contarlo a los demás con tanto aplomo, es cómo se relaciona el plan de Dios para el mundo con la visión de Obama para su país, los Estados Unidos. Si no entiendo mal, el plan de Dios pasa por que los intereses del mundo sean los intereses de los Estados Unidos y viceversa. ¿No hay nadie más ahí arriba?
Puedo imaginar que se trata de un caso más de la comunidad judeo-cristiana-musulmana y su peculiar fatalismo ("inch'allah", que sea lo que Dios quiera): es mucho suponer que Dios tenga un plan para el mundo. Y, si lo tiene, vaya desastre. No lo digo por los "pobres de Yahveh" sino por los pobres de verdad, los hambrientos, los objeto de violencias varias, males todos ellos evitables y que ya Erasmo enumeraba en su Elogio de la estupidez (cap.  XXXI, mi favorito):

Ahora supónganse que alguien contempla desde un alto mirador la vida humana -como hace Júpiter según los poetas- y observa las desgracias que sufre. ¡Repugnante y doloroso es el nacimiento del hombre, penosa su educación, peligrosa su infancia, problemática su juventud, afligida la vejez, terrible e inexorable la muerte! Ejércitos de enfermedades la asedian, la acechan adversidades, al punto que por todas partes todo parece estar saturado de amargura. Y esto sin acordarse de los males que los hombres se infieren entre sí: pobreza, cárcel, oprobio, vergüenza, tortura, trampas, traición, bajezas, luchas, fraudes. Pero se diría que quiero contar las arenas del mar.
Ya el que uno piense que su Dios es el único verdadero, habiendo tantas religiones, ya llama a asombro porque es obvio que se confunde verdad con haber nacido en un determinado contexto religioso o haber tenido la peculiar experiencia psicológica de la conversión a través del "grupo de referencia" en el que se "anclan" las creencias no verificables. No digamos que ese Dios (y no el de la religión de al lado) tenga un plan y que, encima, un hombre mortal tenga acceso al mismo. Bueno, a Bush también Dios le dijo que invadiese Iraq. En todo caso, como dice el People's Daily, y muy de tejas para abajo como hacen los chinos, lo que pueda hacer Obama, tenga o no tenga la visión que Dios le conceda, es arreglar un poco la imagen de los Estados Unidos en el mundo, destrozada por Bush el creyente. Y no lo tiene fácil.


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