lunes, 20 de octubre de 2008

Resumiendo la crisis

Por e-mail me llega un comentario a algunos posts pasados, en particular al que incluye el artículo de Immanuel Wallerstein sobre el sentido que tiene la crisis actual, situándola en un contexto más amplio de ciclos económicos y ciclos de hegemonía, y de la posible crisis terminal del sistema. Le ha preocupado particularmente y, al no quedar clara mi posición (cosa comprensible: no tengo posición sino un mar de dudas), me pregunta qué pienso sobre la crisis (si es mundial o no) y sobre el fin del capitalismo de casino. Con ligeras modifiaciones léxicas, esto es lo que le he contestado a mi amigo de muchos años.

Wallerstein no dice nada nuevo: lo viene diciendo desde hace años. Pero en la histeria que se ha montado y sabiendo que hay fuentes interesadas en engañarnos (cada cual tiene su sardina económica, empresarial o ideológica a la que arrimar el ascua), lo primero que hay que hacer es conservar la cabeza fría y practicar lo que el viejo Bacon proponía con respecto a los "idola" (falsas percepciones) y lo que el menos viejo Descartes proponía en general: duda metódica.
La crisis puede ser tan mundial como la I Guerra Mundial y la II Guerra Mundial fueron mundiales, es decir, que afectaban a los países centrales (y, en el caso que nos ocupa, a los emergentes). A los periféricos les afecta de otra manera: remesas, exportaciones, precio del petróleo, en la medida en que la crisis financiera de los países centrales y emergentes "trickle down" hacia la economía real (como lo está haciendo en forma de despidos, reducción del consumo, fallidos, morosos, sobreproducción y todo eso). Pero es una crisis de los Estados Unidos antes que nada, seguida de su corte celestial (Unión Europea) y de los que se pelean por llegar al cielo (BRIC, el Brasil, Rusia, la India y la China). La crisis no ha cambiado muchas cosas en Haití o en Sierra Leona. Siguen como estaban.
Sobre el capitalismo, soy de los que creen, a diferencia de Wallerstein, que el capitalismo goza de la misma salud que siempre: en continua crisis y superándolas siempre. Sobre el capitalismo de casino, en cambio, sí creo que vaya a haber algo más de regulación, pero sin exagerar. Al fin y al cabo, los especuladores son los ganadores. El "riesgo moral" se ha ido al diablo y ya saben que se puede especular que ya vendrá el Estado de Bienestar para ricos a solucionar el problema por aquello de que los pobres no deben sufrir (¿no han sufrido nada hasta ahora? ¿qué fue de los objetivos del milenio? ¿no sería suficiente el 0,7 de estos salvatajes para acabar con el hambre en el mundo?). El capitalismo de casino que llevó a la crisis del 29 fue regulado a los años (no se olvide que el borrador, que se saltaron a la torera, para Bretton Woods era de un tal Keynes) y regresó. Ahora será regulado y, si el sistema en su conjunto no se va al diablo -hipótesis no descartable-, volverá. Es una cuestión de lucha de clases de los de arriba contra los de abajo que se adapta a la coyuntura planteando tácticas coyunturales cuando la estrategia permanece inalterada. 


El error de percepción (añado ahora) ha sido el de creer que la lucha de clases era de los de abajo contra los de arriba ("arriba, parias de la Tierra"). Eso era, si es que lo fue, en el siglo XIX y principios del XX. Ahora la lucha de clases es de los de arriba contra los de abajo, aunque hay motivos para pensar que así ha sido siempre, "desde el Neolítico" que diría Emmanuel Goldstein en la novela Mil novencientos ochenta y cuatro. Con los mísmos métodos, los mismos planteamientos que la supuesta lucha de clases de los de abajo, pero con una diferencia. La "lucha final" de los de abajo podría haber consistido en la abolición de las clases. La "revolución permanente" de los de arriba consiste en mantenerlas. Y, como cuenta Paul Krugman en su columna del New York Times de hoy, con evidente éxito: han conseguido, en el caso de los Estados Unidos que es del que habla Krugman, que las políticas sean cada vez más pro-plutócratas (los de arriba en mi vocabulario) pareciendo que eran las de "Joe el fontanero". Engañando, conseguían mantener a los plutócratas en su sitio y al resto en el suyo. Porque los fontaneros son necesarios para los plutócratas. Las diferencias entre Bush y Sarkozy-Barroso pueden subrayarse, pero no son abismales. Y, en general, para resolver un problema hay que plantearlo primero y no hay acuerdo sobre dónde reside exactamente el problema (mira lo que dice éste o éste o éste -Fidel Castro-). La tenemos clara.

2 comentarios:

  1. Profesor, tener como referencia a 1984 no es una buena inversión en optimismo.

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  2. Dicen que un optimista es un pesimista bien informado ;-) Debo de estar mal informado porque sigo siendo pesimista. De toda la vida. Eso me permite alegrarme cuando me equivoco.

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